Los Russo y el fantasma de Leone: cuando el western le marca el camino a Vengadores
Joe y Anthony Russo reconocieron que Hasta que llegó su hora, la obra maestra de Sergio Leone, es una de las brújulas creativas de Vengadores: Doomsday. Buscan trasladar a los superhéroes esa mezcla de épica desmesurada y silencios elocuentes que tenía el cine del italiano, y aspiran a que la película sea un evento de sala en tiempos de streaming.
Lo digo sin vueltas: hay algo profundamente atractivo en la idea de que los hermanos Russo, dos tipos que vienen de la televisión y del cine de género, se sienten a planificar una película de superhéroes de casi tres horas y tengan en la cabeza, más que una página de historieta, los planos abiertos y los silencios de Sergio Leone. Es una declaración de intenciones que vale la pena tomar en serio, porque marca el tono de lo que se viene con Vengadores: Doomsday.
En una charla con la agencia AP News, Anthony Russo fue al hueso cuando le preguntaron por las referencias del filme. "Joe y yo crecimos con todo tipo de cine, pero los westerns siempre han sido muy especiales para nosotros", dijo, como si confesara una pertenencia de toda la vida. Y ahí nomás, sin rodeos, largó el nombre propio: Hasta que llegó su hora, la película que Leone filmó en 1968 y que muchos consideran la cima absoluta del western crepuscular.
La escala grande, el corazón chico
Lo interesante es qué rescatan los Russo de Leone, y qué descartan. No se trata de trasladar la ambientación del Viejo Oeste a los mundos de Marvel ni de pedirle a los Vengadores que crucen un desierto polvoriento. Lo que les interesa es otra cosa, más sutil: el modo en que Leone era capaz de sostener planos de una vastedad descomunal para, de golpe, detenerse en un primerísimo primer plano de un rostro y dejar que el espectador adivine todo lo que pasa por dentro de ese personaje. Esa oscilación entre lo monumental y lo íntimo, manejada con mano maestra, es lo que los directores quieren replicar.
Para los Russo, ese es el modelo de cine de gran escala que todavía funciona en una sala oscura, en una pantalla enorme, con desconocidos sentados al lado. Un modelo en el que la emoción no se resuelve con un chiste cada treinta segundos ni con un boom de destrucción cada tres minutos, sino con algo mucho más difícil de conseguir: que al público se le cierre la garganta en silencio.
“Joe y yo crecimos con todo tipo de cine, pero los westerns siempre han sido muy especiales para nosotros.”Anthony Russo, en diálogo con AP News
Hay un argumento interno de los Russo que me resulta especialmente simpático, y es el de la resurrección del género. Anthony lo planteó con una lógica casi deportiva: el western fue declarado muerto en más de una oportunidad, después de pasar por etapas de saturación y de modas que lo dejaron arrumbado, y sin embargo siempre encontró la manera de volver, con nuevas voces y nuevas obras de peso. Para los directores, el cine de superhéroes está pasando por un momento parecido, con algunos sectores del público y de la crítica que ya lo dan por amortizado, y la idea es demostrar que todavía hay historias enormes para contar, siempre que uno se tome el trabajo de encontrarles el pulso humano.
La película, según contaron los propios realizadores, tendrá una duración de 165 minutos, un número que no cae de casualidad: está ahí nomás de las tres horas de Leone, como un guiño de los Russo a esa duración que durante mucho tiempo fue tabú en Hollywood y que ahora, con la competencia del streaming en la puerta, vuelve a ser un riesgo. Los directores son conscientes de que el paisaje cambió mucho desde Vengadores: Endgame, que la gente tiene opciones para quedarse en casa y que conseguir que alguien se mueva hacia una sala no es algo que se dé por sentado. Por eso hablan de hacer un evento, un filme que convoque, que sea una experiencia compartida, y no un título más para engrosar un catálogo.
En medio de todo esto, hay un dato que a mí, como periodista, me deja con una mezcla de admiración y de cierto escozor: la producción arrancó sin el guion terminado. Los Russo lo presentan como parte de su método, casi como una licencia creativa, una manera de abrirse a la improvisación y dejar que surjan cosas que no estaban previstas. Es una forma de trabajar que tiene su lógica y sus antecedentes en el cine de autor, pero aplicada a una megaproducción de Marvel con cientos de millones de dólares y un ejército de técnicos involucrados, suena a un equilibro delicado entre confianza en el instinto y apuesta a ciegas. Habrá que ver si la inspiración los acompaña o si el método termina pasando factura.
Una pregunta que queda picando
Quiero dejarla planteada para que la piense quien esté leyendo, porque a mí me parece la pregunta de fondo de todo esto: ¿es posible construir una épica con la contención emocional de Leone dentro de la maquinaria del universo compartido de Marvel, o la escala de ese universo termina imponiendo sus propias reglas, mucho más ruidosas, mucho más explícitas, mucho menos dadas al silencio? Los Russo dicen que sí se puede, y están dispuestos a jugarse el prestigio en esa afirmación. Los lectores, cuando la película llegue a las pantallas, tendremos la última palabra.
