Llorente cortó con la selección y a mí me quedó la sensación de que le sobraba Mundial por delante
El lateral aurinegro publicó una carta en Instagram para anunciar que deja España a poco más de un mes de la consagración en la Copa del Mundo 2026. Con 31 años y un presente bárbaro en el Atlético, aclaró que la decisión estaba tomada de antes y que no la mueve nadie.
Mirá, te lo digo de entrada: a veces uno se levanta con la noticia y se le cae la taza de café encima. Eso me pasó este jueves cuando vi que Marcos Llorente, el ferroviario de toda la vida, se despachó con una carta en su Instagram y le dijo chau a la selección española. Y no en cualquier momento: a 46 días de levantar la Copa del Mundo 2026, con la camiseta todavía caliente de los festejos y con 31 años, una edad en la que un lateral de elite debería estar pensando en su próximo Mundial, no en la puerta de salida.
La carta y lo que dice
"Después de mucho tiempo dándole vueltas, he decidido cerrar mi etapa con la selección", arrancó el lateral aurinegro, y a partir de ahí vino el párrafo que más duele. Porque Llorente es consciente de que cualquiera puede leerlo y desconfiar. Es joven, está vigente, en el Atlético Madrid disputó 49 partidos la temporada pasada y Simeone lo usó de lateral derecho, mediocampista, volante por derecha y hasta de marcador central. O sea, Ferroviario sigue siendo Ferroviario: útil para todo, rendidor en cualquier puesto. Pero nada de eso lo tentó a seguir.
“Independientemente de si hubiese ido al Mundial o no, o de si hubiésemos ganado o no, esta decisión ya la tenía tomada.”Marcos Llorente, en su carta de despedida
Esa frase es la llave de todo el asunto. El ferroviario se anticipó a la lectura fácil y la desarmó con una sola línea: no hay detrás un gesto de enojo, no hay una pelea con el cuerpo técnico, no hay un resultado que lo haya empujado a colgar los botines con la roja. Estaba decidido desde antes, dice. Y a uno le cuesta creerlo, claro, porque la cabeza siempre tira la teoría de que el que deja la selección tras ganar un Mundial tiene algo que no cuenta. Pero también puede ser cierto. A veces la decisión se cocina en silencio y un día simplemente se sirve.
El Mundial que fue y el que pudo ser
Llorente debutó en una Copa del Mundo en Qatar 2022, en un partido que todavía le debe doler a cualquier hincha español: los 120 minutos contra Marruecos en octavos, con eliminación por penales incluida. Ahí ya había quedado claro que Simeone lo había reinventado: de mediocampista a lateral derecho, y de ahí al mundo. Cuatro años después, en 2026, el ferroviario tuvo su revancha. Jugó tres partidos, incluido el ingreso desde el banco en la semifinal ante Francia, cuando reemplazó a Pedro Porro. Y se fue campeón. Nada mal como cierre, si uno se pone a pensar.
En el tramo final del comunicado, el jugador agradeció al grupo y se quedó con los últimos 52 días: "Con un grupo maravilloso que luchó hasta el final por dejar a España en lo más alto", escribió. Y remató con el saludo a la gente: "Ha sido un orgullo representar a mi país y formar parte de esta historia. Gracias por todo". Bonito, sobrio, sin estridencias. Muy en la línea de un tipo que nunca necesitó hablar de más para decir lo que tenía que decir en la cancha.
¿Le quedaba fútbol de selección o acertó en bajarse?
Y acá me quedo yo, tirado entre la admiración y la duda. Porque el ferroviario podía haber sido el lateral de los próximos dos Mundiales sin problemas. Pero también es de esos tipos que cuando dicen que está, está. Y cuando dicen que se van, se van. Simeone lo sabe mejor que nadie, que lo bancó en cuatro puestos distintos sin chistar.
Mi pronóstico, para que no se rompa la tradición: la selección española va a extrañar a Llorente más de lo que cree, sobre todo cuando aparezca un partido cerrado y haga falta alguien que juegue de tres, de cuatro y de cinco sin pedir permiso. Pero ojo, también puede pasar que De la Fuente ya tenga el reemplazante bajo la manga y esto termine siendo un cambio generacional ordenado. Si me apurás, te firmo que en seis meses vamos a estar extrañándolo en alguna ventana de Eliminatorias. Ahora, ya que estamos, me apuesto un café a que cuando lo relea dentro de un año, el propio ferroviario se va a preguntar si no le erró. Porque los que se van campeones casi siempre se terminan arrepintiendo en silencio. Aunque, claro, eso nunca lo van a admitir en otra carta.
