Lunes, 31 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaVida
Vida /

Letra chica, deuda grande: cuando la billetera virtual se come el sueldo

Las tasas que prometen las plataformas digitales son casi usurarias, según la Dirección de Protección al Consumidor. Las familias neuquinas recurren a esos créditos para pagar la luz o el alquiler y terminan atrapadas en un ciclo que empieza con unos miles de pesos y termina en un monstruo. Hay un régimen de refinanciación con tasa del 35% y un mecanismo para denunciar el hostigamiento de las cobranzas.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 31 de agosto de 2026 · hace 2 h

En mi redacción siempre imagino la escena antes de escribirla, y esta vez la veo clarita: una cocina cualquiera de Neuquén, el ruido de la pava, una mesa de formica con un celular apoyado boca arriba y una señora mirando la pantalla con esa cara que ponemos cuando el número no cierra. Se llama Marta, le voy a poner Marta porque es un nombre que aparece en cualquier barrio, y me cuenta que pidió un crédito por la app para pagar la luz y juntar la comida del mes. Eran trescientos mil pesos, le parecieron pocos, casi un favor. Hoy la deuda original ya no existe: lo que existe es otra cosa, más grande, máscara, con intereses que ella nunca vio cuando apretó el botón de aceptar.

Porque así empieza, según nos explican quienes se dedican a mirar esa puerta de entrada que es la pantalla del teléfono. Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor, lo define sin vueltas: las tasas que cobran las billeteras virtuales son "casi usureras para los ciudadanos". Lo que la plataforma te muestra en el primer cartelito, cuando todavía estás tentado por el dinero fresco, no siempre coincide con lo que después figura en el extracto. La letra chica, esa que nadie lee, se encarga de hacer el trabajo sucio: cargos adicionales, condiciones que se activan después, plazos que se acortan sin aviso. Para cuando el usuario se da cuenta y quiere regularizar, la deuda ya es otra, más gorda, más pesada, más difícil de mirar a los ojos.

Salarios que no alcanzan y deudas que se desbordan

Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén, pone el trasfondo estructural sobre la mesa y lo dice con una franqueza que a uno le cala hondo: los salarios, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes y de los pequeños comerciantes vienen perdiendo contra la inflación desde hace años. Ante la imposibilidad real de llegar a fin de mes, las familias hacen lo que cualquier haría: recurren al crédito digital para gastos básicos. Cubrir el alquiler, la luz, la comida. El problema, como advierte el funcionario, es que "esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro". Y uno mira alrededor y sabe que esa frase no le es ajena a nadie, ni acá ni allá.

“Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro.”Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén

Para dimensionar el fenómeno, alcanza con mirar un número: el índice de morosidad en Argentina ronda el 20%, casi cinco veces lo que registran los países vecinos de la región, que se mueven entre el 4% y el 5%. No es un dato menor, porque marca la distancia entre un crédito que se paga y un crédito que se acumula hasta comerse el ingreso del mes siguiente, y del otro, y del otro.

La salida que ofrece el Régimen de Refinanciación

  • Préstamos de hasta 50 millones de pesos para quienes ya están atrapados en el crédito digital.
  • Tasa fija anual del 35%, considerada muy accesible frente a las que cobran las plataformas.
  • Está pensado para cortar el ciclo de deuda y evitar que los intereses sigan acumulándose.
  • Se tramita ante la Dirección de Protección al Consumidor, que acompaña al usuario en el proceso.

Tomasini no dudó en calificar esa tasa como "blandísima", una palabra que en la boca de un funcionario suena a casi una invitación. La idea, según nos cuentan, es que las familias puedan salir del pozo a un costo financiero razonable, sin que cada mes que pase sume un escalón más a la escalera. Es, me animo a decir, la diferencia entre una deuda manejable y una deuda que se hereda.

Cuando el acoso llega al celular

Porque hay otro costado que a veces se cuenta menos y que pesa mucho en la diaria de la gente: el hostigamiento de las empresas que llaman, escriben y vuelven a llamar. Tomasini fue claro al respecto: si una compañía de cobranza contacta de forma repetida, amenaza o propone condiciones que el deudor siente como abusivas, esa conducta "no está permitida". La recomendación concreta es tan simple como efectiva: guardar capturas de pantalla de cada mensaje, de cada llamado, de cada presión, y presentarlas como prueba para iniciar un reclamo formal. La Dirección actúa cuando las plataformas incumplen, pero también trabaja en la otra punta, la de la prevención, porque una vez que se sale de la trampa lo último que uno quiere es volver a caer en la misma.

Marta, la señora de la cocina con la pava silbando, todavía no terminó de pagar. Pero ya fue a la Dirección, ya guardó las capturas, ya arrancó el trámite de refinanciación. Nosotros los neuquinos, y me incluyo porque a esta altura uno ya sabe que cualquiera puede caer, solemos ser bastante desconfiados con las promesas que aparecen en una pantalla. Esta vez, igual, parece que hay una puerta que no está cerrada con llave. Lo que Marta espera, lo que esperamos todos los que andamos mirando el extracto con el ceño fruncido, es que esa puerta no se vuelva a abrir sola al mes siguiente, cuando la app nos vuelva a ofrecer plata fresca para llegar a fin de mes.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

Te puede interesar