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La Sub 19 se quedó en la puerta del oro y volvió con la plata bajo el brazo

Empató sin goles con Paraguay en Rosario y cayó 5-4 en los penales. El ferroviario lo tuvo, lo buscó y terminó masticando bronca en una final que se le escapó por una sola definición desde los doce pasos.

Por Matías SantillánDeportes · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Che, lo que pasa en una cancha hay que contarlo como se vive: con el corazón en la boca y la garganta seca. Y eso fue lo que sintieron los pibes de la Sub 19 en el Coloso del Parque, ese escenario que tantas alegrías le dio al rojinegro y que ayer se tiñó de luto para los nuestros. Argentina perdió la final de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 contra Paraguay por penales, después de un cero a cero que dejó gusto a poco y mucha bronca contenida. El ferroviario mereció otra cosa, pero el fútbol, ya se sabe, no siempre le da la razón a quien mejor juega.

Una final con 30.000 testigos y un solo verdugo

Lo de Newell’s fue una verdadera fiesta: unas 30.000 almas coparon las tribunas para ver a los chicos del aurinegro ir por la dorada. Pero el que se llevó todo fue Paraguay, que convirtió sus cinco remates desde el punto penal y se impuso por 5-4 en la definición. Mauro Coronel fue el encargado de clavar el último y desatar el delirio guaraní. Del lado argentino acertaron Esquivel, el pibe Domínguez Ávila, Thiago Pérez y Jainikoski, pero el cuarto disparo, el de Leandro Olima, se fue desviado y le cortó el sueño al conjunto de Diego Placente. Un penal, uno solo, bastó para que la moneda cayera del otro lado.

Y ojo, que no fue cuestión de suerte ni de magia negra. Argentina tuvo la pelota, manejó los hilos del partido y generó las situaciones más claras, sobre todo en el complemento. Pero enfrente estaba el arco de Leonardo Sosa, que se agigantó cuando tuvo que hacerlo, y un equipo paraguayo que ya le había ganado 2-1 en el debut y que conoce bien el ADN del ferroviario. Se sabe: a veces el que perdona, paga.

Un torneo con más corazón que certezas

Lo de esta Sub 19 no arrancó con el pie derecho. La derrota ante Paraguay en la primera fecha obligó a los chicos de Placente a remar contra la corriente. Y vaya si remaron. El empate 1-1 frente a Venezuela, con gol sobre la hora, y la victoria ante Perú en semifinales, también en el epílogo, muestran a un equipo que no se entregó nunca y que fue de menor a mayor. Cinco partidos en diez días, con todo lo que eso significa para chicos de 18 o 19 años. El físico pasó factura, y el propio entrenador lo reconoció.

“Los chicos todavía tienen mucho que aprender, y los errores también forman parte de ese aprendizaje.”Diego Placente, entrenador de la Sub 19

Es la lectura que dejó Placente en la zona mixta, con la medalla de plata colgando del cuello y la sensación del deber cumplido a medias. Los ingresos de Ramiro Tulián y Jainikoski en el segundo tiempo le dieron aire fresco al ataque, y fue justamente Jainikoski el que se quedó con la más clara del partido: mano a mano frente al arquero, remate cruzado y pelota que se fue besando el palo. Después, Domínguez Ávila y Tulián tuvieron otras dos chances en los minutos finales, pero la redonda no quiso entrar. Siete amarillas y una expulsión sobre el cierre le pusieron el broche a un encuentro caliente, típico de final.

  • Argentinaó la pelota pero no pudo quebrar la resistencia del arquero Leonardo Sosa.
  • Jainikoski, Tulián y Domínguez Ávila desperdiciaron las chances más claras en el segundo tiempo.
  • Paraguay aprovechó su efectividad desde los penales y se llevó el oro a casa.
  • Placente valoró el crecimiento del grupo y apuntó al desgaste físico como factor clave.
  • El ferroviario cierra su participación con una medalla de plata que sabe a poco pero que deja bases para el futuro.

Y mirá, te lo digo con total honestidad: yo, Matías Santillán, apostaba a que esta camada se llevaba el oro. Le tenía fe al ferroviario, le tenía fe a Placente y le tenía fe a los pibes. Pero el fútbol, otra vez, me dio un cachetazo y me dejó con el pronóstico hecho pedazos. La plata es un consuelo digno, claro que sí, pero a esta altura del torneo lo que duele no es el segundo puesto: duele haberlo tenido tan cerca y haberlo visto escapar por una definición que siempre es una lotería. Ahora, a levantar la cabeza y a pensar en lo que viene, que estos chicos todavía tienen mucho por dar.

Desde Rosario, con la bronca todavía intacta pero el orgullo a flor de piel, me despido hasta la próxima. El aurinegro volverá, y cuando lo haga, que nadie se olvide de lo que pasó en el Coloso: una lección de fútbol y de vida, contada por pibes que no se rindieron nunca.

MS

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