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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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La savana le cambió el pulso: Anamá Ferreira se cruzó con los Cinco Grandes y volvió hablando en presente

La modelo y conductora completó un viaje por Kenia y Tanzania que combinó safaris, comunidades masái y visitas a íconos de Nairobi, y lo contó como una experiencia que la marcó de raíz.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
La savana le cambió el pulso: Anamá Ferreira se cruzó con los Cinco Grandes y volvió hablando en presente

Hay una imagen que se me viene a la cabeza cada vez que alguien me dice que África es un destino exótico: es la de alguien que todavía no pisó una aldea masái al atardecer, ni se quedó mudo cuando una manada entera de ñus cruza la ruta como si fuera una procesión. Algo de eso, precisamente, le pasó a la modelo y conductora Anamá Ferreira durante el viaje que acaba de cerrar por Kenia y Tanzania, y que ella misma se encargó de ir documenting con fotos, videos y frases que, viniendo de alguien que vive delante de cámaras, no sonaron para nada a pose: sonaron a corazón abierto.

Porque a mí, que llevo años escribiendo sobre famosos y celebrities, lo que más me llamó la atención de este recorrido no fueron los hoteles ni los lodges con vista a la sabana, sino la manera en que Ferreira lo fue relatando en sus redes: con la boca abierta, con los ojos húmedos, con ese tono de quien entiende que está delante de algo que le excede. Y eso, tratándose de alguien que está acostumbrada a las luces y a los flashes, tiene su mérito y su peso.

El patio antes que el escenario

El itinerario arrancó en Nairobi, la capital keniana, que suele ser la puerta de entrada para este tipo de expediciones y que tiene, contra lo que muchos creen, mucho más para ofrecer que el aeropuerto y el tráfico. Ahí, Ferreira se acercó hasta el Giraffe Centre, un centro de conservación dedicado a proteger a la jirafa de Rothschild, una subespecie que está en peligro de extinción y que, por estas cosas del turismo bien entendido, se puede conocer de cerca, alimentar e incluso, si uno se anima, sacarse una selfie a la altura del cuello del animal.

“Hoy viví uno de esos momentos que quedan para siempre en el corazón. Estar tan cerca de ellos, darles de comer y hasta poder sacarme una selfie fue simplemente inolvidable.”Anamá Ferreira, sobre su paso por el Giraffe Centre de Nairobi

A metros de ahí, en las afueras de la ciudad, está el Museo Karen Blixen, que es ni más ni menos que la antigua casa de la escritora danesa que durante años vivió en Kenia, escribió su libro más célebre y se enamoró perdidamente de esa tierra. Ferreira lo recorrió, se detuvo en los muebles, miró por las ventanas y, según contó, intentó imaginarse la vida cotidiana en ese lugar: caminar por la casa y pensar que ahí transcurrió parte de esa historia es, usando sus palabras, bastante mágico. Y lo es, porque no es lo mismo leerle ese distrito que pisar el piso de madera donde ella escribía.

El shuka rojo y la danza de los guerreros

El corazón del viaje, claro, estaba afuera de la ciudad. Y ahí lo esperaba el Masái Mara, la reserva que muchos consideran el lugar más impactante del continente para ver animales en libertad y, sobre todo, para cruzarse con la comunidad masái, uno de los pueblos más conocidos de África y, a la vez, uno de los que mejor supo conservar sus tradiciones a pesar del paso del tiempo. A mí, que vengo siguiendo el recorrido de Anamá desde sus primeros posteos, me pareció muy valioso que se tomara el trabajo de explicar qué es lo que tenía delante en vez de sacarse una foto y seguir de largo.

Después de esa parada, el viaje siguió rumbo a Tanzania, donde la esperaba el plato fuerte de cualquier safari serio: el Serengueti y el cráter del Ngorongoro. Ahí, según contó la propia Ferreira, pudo observar en libertad a los que los guías de la región llaman los Cinco Grandes de la sabana africana, que son los siguientes, y vale la pena tenerlos a mano para entender de qué se habla cuando se habla de safari de verdad.

Entre safari y safari, Ferreira se tomó tiempo para compartir imágenes de atardeceres sobre los lagos de la zona y, sobre todo, momentos de intercambio con familias y niños de los pueblos que fue conociendo, a los que describió como una experiencia profundamente enriquecedora. Esa parte, que a veces queda tapada por las fotos de los animales, es la que a mí más me interesa, porque es la que le cambia el pulso a cualquiera que se digne de mirar.

Dónde y cuándo se puede ir

Para el lector que ya se quedó con ganas: este tipo de recorridos por Kenia y Tanzania se pueden hacer durante todo el año, pero la mejor temporada para ver la gran migración de ñus y cebras en el Masái Mara y el Serengueti va de julio a octubre, mientras que la temporada de lluvias, entre marzo y mayo, suele ofrecer paisajes más verdes y menos turistas, aunque con un poco más de barro en los caminos. La mayoría de los tours arrancan en Nairobi, pasan por el Mara, cruzan a Tanzania por la frontera de Isebania y bajan hasta el cráter del Ngorongoro, y se pueden contratar tanto en agencias locales como a través de operadores internacionales con base en Buenos Aires. Quien quiera replicar el paso de Anamá por el Giraffe Centre y la casa de Karen Blixen, sepa que las dos visitas están a menos de una hora del centro de Nairobi y que se pueden hacer en una sola jornada, aunque conviene ir con tiempo, sin apuro, porque la sabana, como diría cualquier masái con el que uno se cruce, no es un lugar para correr.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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