La pediatra de cabecera: fiebre, comida y pantallas, las dudas que no se van de la consulta
Cada 20 de octubre, el país celebra el Día Nacional de la Pediatría, una jornada que pone en primer plano a quienes acompañan el crecimiento de chicos y adolescentes. Recorremos las preguntas que más repiten las familias en el consultorio y las respuestas que ordenan la crianza.
En la casa de siempre, con la puerta entreabierta y el mate todavía tibio, María Eugenia termina de acomodar a su nene en la sillita y suspira. Dice que esta semana fue la tercera consulta con la pediatra. “Vine por la fiebre, volví por la tos y ahora estoy acá porque no quiere comer ni un bocado de pollo”, cuenta, mientras acomoda el turno en el celular con una mano y con la otra trata de que el chico no se baje del sillón. Esa escena, multiplicada por miles de familias en toda la Argentina, se repite cada día en los consultorios pediátricos del país, y este 20 de octubre —fecha en la que se conmemora el Día Nacional de la Pediatría— vuelve a poner sobre la mesa las preguntas clásicas de la crianza.
Una fecha con historia rioplatense
La efemérides no es un capricho: recuerda la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría, ocurrida en 1911, lo que la convierte en una de las sociedades pediátricas más antiguas del mundo. Por comparación, la Société Française de Pédiatrie se estableció en 1929 y la American Academy of Pediatrics en 1930. Recién en 1973, durante un Congreso Mundial de Pediatría realizado en la Argentina, se instituyó el 20 de octubre como el Día Nacional de la Pediatría, una manera de reconocer a quienes siguen el crecimiento de los chicos desde los primeros días de vida hasta la adolescencia, combinando el acompañamiento del niño sano con el diagnóstico y tratamiento cuando aparece una enfermedad.
En ese recorrido entran los controles de crecimiento, la vacunación, el sueño y la alimentación, cuatro pilares sobre los que giran muchas de las consultas que recibimos los pediatras a lo largo del año, sobre todo en esta época en la que conviven los cambios de clima, el inicio de clases y la puerta abierta a virus respiratorios que suelen pegar fuerte entre los más chicos.
Las preguntas que más se escuchan en el consultorio
- Fiebre: cómo medirla, cada cuánto y cuándo preocuparse. El foco, dicen los especialistas, no es el número del termómetro sino el estado general del chico y la causa del cuadro. En bebés pequeños, o si aparece decaimiento, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la atención médica requiere mayor rapidez.
- Golpes en la cabeza: pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, alteraciones de la conducta o somnolencia inhabitual son señales que piden valoración sin demora. No alcanza con esperar en casa.
- Tos y vómitos: la automedicación puede sumar riesgos, en especial cuando se combinan productos con componentes similares. La consulta previa al profesional sigue siendo la regla.
- Alimentación selectiva: detrás del clásico “no come nada” puede haber una apetencia que varía según la edad, el crecimiento o el estado de ánimo, y también una situación que requiere cambios concretos. Aclararlo con la pediatra evita
- Pantallas y descanso: el uso de dispositivos se sumó en los últimos años al listado habitual de dudas, junto con el juego, la lectura y las rutinas del hogar.
La Sociedad Argentina de Pediatría también encendió una alarma que cruza a toda la franja etaria: el bullying y el ciberbullying. Lo que empezó en el patio de la escuela puede continuar fuera del aula a través de chats, redes sociales y videojuegos, y suele aparecer en los chicos como cansancio, dolor abdominal, alteraciones del sueño o cambios de ánimo que, vistos de a uno, parecen cosas de la edad. La entidad distingue el acoso de un conflicto aislado por tres características centrales: la intención de causar daño, la repetición en el tiempo y el desequilibrio de poder entre las partes. Identificarlo a tiempo es clave, porque cuando la situación se naturaliza se vuelve más difícil de desarmar.
Yo, como pediatra que recorre consultorios y guardias, me quedo con una certeza: la mejor herramienta que tenemos para cuidar a los más chicos es la consulta a tiempo, sin apuro y con alguien de confianza, esa profesional que conoce la historia del niño desde la primera vuelta. La crianza cambia de generación en generación, las pantallas y los códigos sociales también, pero lo que se sostiene es la necesidad de estar atentos y de preguntar todo lo que haga falta, por más chico que parezca. Lo que cada madre y cada padre espera, al salir del consultorio, es irse un poco más tranquila y con una idea clara de qué hacer en las próximas horas. En eso, nosotros los profesionales seguimos trabajando, y este 20 de octubre es una buena excusa para recordarlo.
