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Jueves, 15 de octubre de 2026
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La huerta se defiende sola: recetas de la cocina y el gallinero para espantar plagas sin venenos

Con la primavera los hongos asoman y en verano se multiplican los insectos. El INTA propone preparados caseros a base de ortiga, ajo, cáscaras de naranja y cebolla que cualquiera puede hacer en casa y aplicar con un rociador.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
La huerta se defiende sola: recetas de la cocina y el gallinero para espantar plagas sin venenos

Lo primero que uno ve al cruzar la tranquera de cualquier casa de barrio en Santiago del Estario, ya entrada la primavera, es esa mezcla rara que se arma entre el calor que empieza a pegar de lleno y la humedad que todavía queda colgada del aire de la noche. Es justo esa combinación la que abre la puerta a los hongos del jardín, esos enemigos silenciosos que manchan las hojas y pudren los tallos sin pedir permiso. Más adelante, cuando el termómetro se sube de verdad y el ambiente se vuelve más seco, el que aparece es otro ejército: pulgones, mosca blanca, ácaros, orugas, cochinillas, todos buscando algo verde donde clavar el diente. Nosotros los santiagueños lo sabemos bien, porque acá el verano no avisa, llega y se queda, y con él se viene la plaga.

Lo que recomienda el INTA para no abrir el placard de los venenos

Antes de salir a comprar cualquier producto químico, que suele ser caro y a veces termina haciendo más lío que otra cosa, conviene probar con lo que ya tenemos en la cocina o en el fondo de la huerta. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria viene difundiendo hace años una serie de preparados caseros, sencillos de hacer y pensados para huertas chicas y jardines domésticos, que sirven para tener a raya a los invasores cuando el ataque todavía es leve o, mejor todavía, para evitar que aparezca. La idea, me contaba la semana pasada Norma, mi vecina de toda la vida mientras regaba sus malvones, es no llegar a la instancia de tener que tirar la planta a la bolsa. Con un poco de ortiga, unos dientes de ajo y unas cáscaras que iban a parar igual a la basura, ella viene zafando de las plagas desde hace tres temporadas y jura que no volvió a comprar un fungicida.

Eso sí, antes de empezar a mezclar hay tres reglas que no se pueden saltar si uno quiere que el preparado funcione y, sobre todo, que no termine quemando la planta: hay que usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica, nunca metálicos, porque el metal puede largar sustancias tóxicas para el follaje; los macerados se preparan en un lugar ventilado y sin que les dé el sol de lleno, porque algunos fermentan y otros pierden propiedades; y al final, antes de cargar el rociador, hay que colar bien el líquido para que ningúntrozo de cáscara o de hoja tape la boquilla y arruide el trabajo.

El purín de ortiga: el clásico que además abona la tierra

La receta estrella, la que cualquier vecino con dos metros de terreno puede armar, es el purín fermentado de ortiga, esa maleza que crece en cualquier baldío y que muchos arrancan sin saber que es oro puro para el jardín. Se colocan mil gramos de ortiga fresca, o entre cien y doscientos gramos si está seca, en diez litros de agua y se deja fermentar a la sombra entre siete y doce días, revolviendo a diario con un palo hasta que un buen día las burbujas dejan de subir. Eso quiere decir que la preparación está lista. Antes de pulverizar las plantas, se diluye en la misma cantidad de agua y listo: controla pulgones y hongos y, de yapa, le aporta nutrientes al suelo. Eso sí, ojo con las manos: la ortiga fresca pica, así que conviene ponerse guantes antes de meterlas en el balde.

Ajo con alcohol: el insecticida que se guarda en la heladera

Para los casos en que la plaga ya se instaló y hay que dar una respuesta más firme, el macerado concentrado de ajo con alcohol es una de las fórmulas que mejor funcionan. Se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se guarda la mezcla en la heladera durante siete días, se filtra y al momento de usar se diluyen cien mililitros por cada litro de agua, con un chorrito de jabón blanco neutro para que el preparado se pegue bien a la hoja. Una vez pulverizado, actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, un combo bastante completo para ser algo hecho en casa.

Otras recetas express que salen de la basura de la cocina

Para los que no quieren esperar días a que algo fermente, hay opciones más rápidas que se resuelven en una mañana. Una es hervir la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos, se deja enfriar, se cuela y se aplica directamente sobre las plantas: va bien contra pulgones y cochinillas. Otra, todavía más simple, es cortar dos o tres cebollas medianas y dejarlas en agua hirviente hasta cuarenta y ocho horas; ese líquido, colado, sirve para pulgones y hongos. Y para los que tienen un poco de ruda y salvia en la huerta, una infusión en partes iguales de esas dos hierbas, sin fermentación, da un resultado interesante contra los pulgones más stubborn.

En todos los casos, lo que repiten los técnicos del INTA es que la constancia gana: conviene aplicar los preparados cada siete o diez días, preferentemente a la tardecita, cuando ya no pega el sol fuerte y las hojas no se van a quemar. No son soluciones mágicas, y si el ataque es severo probablemente haya que salir igual a buscar un producto más fuerte, pero usadas a tiempo, con paciencia y un poco de cariño, estas recetas mantienen el jardín sano sin meterle química de más al patio de la casa. Eso es, en definitiva, lo que uno espera que pase cuando vuelve del trabajo y se sienta en la galería: ver las plantas verdes, los tomates creciendo y a la plaga bien lejos.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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