La casa de Roseti 93 donde la música se escucha de corrido, sin pantalla de por medio
En un galpón de Chacarita, Gonzalo Solimano armó un templo sonoro con parlantes de los años cincuenta. Este domingo cierra allí la octava edición porteña del MUTEK, y la invitación es a bajar el teléfono y prestar oído.
La esquina de Roseti 93, en Chacarita, no tiene cartel luminoso ni marquesina llamativa. Es una puerta más, de esas que uno pasa de largo si no sabe qué hay adentro. Sin embargo, del otro lado funciona desde hace ya una década Artlab, un espacio de unos 540 metros cuadrados dedicado a algo que suena cada vez más raro en estos tiempos: escuchar de verdad. Quien cruza ese umbral deja el celular en el bolsillo, se sienta donde puede y se entrega a lo que sale por ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954 y traídos de algún cine porteño que Solimano todavía no pudo identificar con certeza.
Dos ciclos, un mismo precepto
El lugar lo conduce Gonzalo Solimano, DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979, que con los años fue armando una propuesta alrededor de su colección de equipos antiguos. El corazón de Artlab son dos ciclos regulares que se sostienen desde hace tiempo. Audiófilos es para los que quieren escuchar un álbum entero, de principio a fin, sin distracciones: puede tocar Miles Davis o Pink Floyd, pero también Invisible o Massive Attack, siempre en el formato que mejor le siente a cada obra, sea vinilo, CD o archivos sin compresión. Círculo de Sonido, en cambio, mantiene viva la tradición bailable del house con Solimano y otros DJs en consola. Entre una cosa y la otra, el galpón también se abre para propuestas de jazz y muestras de arte visual, aunque la electrónica en sus variantes sigue siendo el eje principal.
Hay algo de ritual en la propuesta, y Solimano lo dice sin rodeos. Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música, resume. Junto al regreso del vinilo, asegura que empieza a notarse también un despertar del interés por el CD, un formato que muchos dieron por muerto y que en este rincón de Chacarita vuelve a tener su lugar.
MUTEK: cierre a pura electrónica experimental
Este domingo el galpón de Roseti 93 recibe el cierre de la octava edición porteña del festival MUTEK, un encuentro nacido en Canadá en el año 2000 y que Solimano trajo al país en 2018. La propuesta apunta a la música electrónica experimental, el arte audiovisual y las nuevas tecnologías, con una escala y un perfil muy distintos a los festivales masivos del género. Para nosotros los santiagueños, y también para los porteños de toda la vida, la idea es la misma: correrse un rato del ruido de las pantallas y dejarse llevar por el sonido.
“Sobre la inteligencia artificial aplicada a la música, su postura es clara: es un recurso muy potente y la clave es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, no que haga tu obra por vos.”Gonzalo Solimano, director de Artlab
- Dirección: Roseti 93, barrio de Chacarita, Ciudad de Buenos Aires.
- Superficie: aproximadamente 540 metros cuadrados dedicados a música electrónica y arte audiovisual.
- Equipamiento central: ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954, cuya procedencia de un cine porteño emblemático aún no se pudo verificar.
- Ciclos regulares: Audiófilos (escucha completa de un álbum, del formato que mejor rinda) y Círculo de Sonido (sesiones de house con DJs en consola).
- Evento destacado: cierre de la octava edición porteña del festival MUTEK, este domingo en el mismo espacio.
- Fundador y director: Gonzalo Solimano, DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979.
Quien se anime a ir por primera vez va a encontrar una sala sin grandes lujos, con el cableado a la vista y unos muebles que invitan a quedarse. Lo que se lleva puesto es otra cosa: la sensación de haber escuchado un disco completo, de corrido, sin que el pulgar haya saltado a la pantalla cada dos minutos. La invitación queda hecha, y la expectativa es que más vecinos de Chacarita y de otros barrios se animen a cruzar la puerta de Roseti 93, dejar el celular en el bolsillo y volver a casa con los oídos un poco más despiertos.
