La canción que cada uno lleva adentro: cómo la música favorita se convirtió en una herramienta contra el dolor en los hospitales
Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich comprobó que escuchar al artista o la melodía preferida reduce el dolor de una punción intravenosa. La música de relajación, en cambio, no ofreció diferencias. Qué dice el trabajo, quiénes participaron y por qué abre una puerta sencilla y sin costo para mejorar la experiencia en estudios y guardias.
Son las siete de la tarde en una sala de espera cualquiera de un hospital porteño y la televisión repite avisos de farmacias. María del Carmen, de 58 años, me dice que cada vez que le tienen que sacar sangre se le eriza la piel. "Yo vengo con los auriculares puestos y mi hija me carga el teléfono con tangos viejos —cuenta—. Total, si me concentro en Gardel no siento el pinchazo". A esa intuición, tan criolla y tan de nuestra tierra, le acaba de dar respaldo científico un equipo del Hospital Universitario de Zúrich: cuando un paciente elige escuchar su canción favorita mientras le colocan una vía intravenosa, el dolor baja. Y baja de manera significativa.
El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Pain Research, reunió a más de 200 personas que debían recibir un agente de contraste por vía intravenosa antes de una resonancia magnética. Los investigadores las dividieron en cuatro grupos: sin música, con su canción o artista favorito, con Mozart y con música de relajación. Cada uno calificó su dolor en una escala del uno al diez antes de la punción, durante el procedimiento, y a los 30 segundos y dos minutos de finalizado.
Lo que encontraron
- Quienes escucharon su música preferida reportaron menos dolor tanto a los 30 segundos como a los dos minutos posteriores a la inserción de la aguja.
- El beneficio se mantuvo tanto en pacientes que llegaron sin dolor como en aquellos que ya tenían algún nivel de dolor previo.
- Mozart también alivió, aunque solo en el grupo que llegaba con dolor preexistente.
- La música de relajación funcionó prácticamente igual que el silencio: no marcó diferencias.
“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal.”Doctora Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich
La investigadora explicó que la música de relajación suele tener un ritmo lento, volumen bajo y pocas variaciones dinámicas, lo que lleva a que el oyente, simplemente, la ignore. En cambio, una canción conocida y emocionalmente significativa exige atención, compite con la señal de dolor y la empuja hacia un segundo plano. Es lo que los autores llaman distracción activa.
Lo que falta investigar
El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró que el estudio se limitó a punciones de corta duración. Quedan pendientes respuestas sobre si el beneficio se sostiene en procedimientos más largos o más dolorosos. El equipo también propone comparar la música con la presencia de alguien que dialogue con el paciente durante el procedimiento, ya que la compañía en sí misma podría tener un efecto tranquilizador adicional. Mientras tanto, nosotros los santiagueños —y los argentinos en general— ya tenemos una pista: la próxima vez que haya que enfrentarse a una aguja, lo más sensato será pedirle al médico que deje sonar esa canción que nos salva de todo. Que, al final, parece que también nos salva del dolor.
