El tren fluvial llega a Buenos Aires con la ausencia que duele y la película que sobrevive
Lorenzo Toto Ferro y Lucas Vignale escribieron y dirigieron juntos esta historia de un chico que quiere conocer la ciudad. Después del estreno mundial en la Berlinale y de pasar por San Sebastián y el BAFICI, la cinta se presenta en la Sala Lugones y en el Malba. Vignale ya no está, pero la película sigue rodando.
Como dice Jacinto Piedra, chaqueño de los que cantan con el alma, "uno vuelve siempre a los pagos donde dejó la vida". Y a veces uno vuelve, también, a las salas donde el cine argentino se da cita con su propia historia. Esta semana me toca escribir sobre una de esas vueltas: la de El tren fluvial, la película que Lorenzo Toto Ferro y Lucas Vignale escribieron y dirigieron juntos, y que después de recorrer festivales del mundo entero finalmente se presenta en Buenos Aires, con funciones desde el 8 de octubre en la Sala Leopoldo Lugones y desde el 10 en el Malba.
Antes de entrar de lleno en la película, déjenme contarles cómo es el lugar donde va a verse, porque a mí siempre me gusta detenerme un segundo en la sala. La Leopoldo Lugones, ahí en el primer piso del Teatro San Martín, tiene esa acústica mullida y esa luz tibia que te predisponen a mirar con otros ojos. Y el Malba, con su sala oscura y prolija, propone otra experiencia, más de museo, más de visita. En las dos, El tren fluvial va a encontrarse con un público porteño que todavía no la vio, y que la va a mirar con la curiosidad de saber qué hicieron estos dos pibes.
Lo que hicieron, básicamente, fue contar una historia chiquita y enorme al mismo tiempo. El protagonista es Milo, un nene de nueve años que practica malambo y carga sobre los hombros las expectativas de una familia que lo imagina como bailarín profesional. Pero Milo quiere otra cosa: subirse a un tren y conocer Buenos Aires, esa ciudad que él solamente conoce a través de las películas que vio en el cine del pueblo. Y decide irse solo, que es una palabra enorme para un chico de esa edad.
El que encarna a Milo es Milo Barría, un nene que Ferro y Vignale conocieron en General Madariaga mientras trabajaban en otro proyecto. Tenía ocho años y bailaba malambo. Según contó Ferro en las notas que fueron apareciendo por estos meses, ese encuentro les fue dando forma al personaje: le pusieron su relación con la danza y hasta una idea sobre los trenes que acercó el propio chico. El elenco lo completan Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas, entre otros.
Hay algo que me parece hermoso y que vale la pena contar: la película se iba construyendo mientras se filmaba. Ferro contó que todo el equipo compartía hotel, que por la noche se hablaba de las escenas, que a la mañana siguiente se revisaba lo grabado y se pensaba la jornada. Y que de esas conversaciones podían salir escenas nuevas. Con Milo, además, alternaban las tomas con juegos, buscando distintas maneras de sostener la atención de un nene que estaba trabajando por primera vez en una película. Eso se nota en la pantalla, porque el personaje respira.
Ahora, lo que no puedo dejar de contarles, y que es lo que más me pegó cuando leí todo el material, es lo que falta. Lucas Vignale murió el 14 de junio, a los 28 años, en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro. Había estado en la presentación de la película en Nueva York, en el marco de New Directors/New Films, el ciclo que organizan el MoMA y Film at Lincoln Center. Para Ferro, seguir exhibiendo El tren fluvial es una forma de mantener vivo algo de lo que fue. Y uno, como espectador, lo entiende: hay películas que son de sus directores y hay películas que son también de los que ya no están, y esta es una de esas.
Antes de llegar a Buenos Aires, la película pasó por la sección Perspectives de la Berlinale, donde tuvo su estreno mundial. Después anduvo por el Festival Internacional de Cine de Uruguay, por el BAFICI -donde se llevó una mención especial de FEISAL en la competencia internacional- y por Horizontes Latinos en San Sebastián. O sea, viene con la espalda cubierta de festivales y con el cariño de la gente que la vio en cada sala del mundo.
- Sala Leopoldo Lugones (Teatro San Martín, Corrientes 1530): desde el miércoles 8 de octubre, en el marco de la programación del complejo.
- Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415): desde el viernes 10 de octubre, con funciones dentro del ciclo de cine del museo.
- Estreno mundial en la sección Perspectives de la Berlinale, con posterior paso por el Festival Internacional de Cine de Uruguay, New Directors/New Films (MoMA y Film at Lincoln Center en Nueva York), el BAFICI -donde obtuvo mención especial de FEISAL- y Horizontes Latinos en San Sebastián.
- Protagonizada por Milo Barría, con Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas en el elenco. Es el debut de Lorenzo Toto Ferro en la dirección de largometrajes, compartido con Lucas Vignale.
Yo no les voy a decir qué tiene que sentir cada uno cuando vaya a verla, porque esa es una decisión de cada espectador y de cada espectadora. Lo que sí les digo es que vayan. Que se sienten en la butaca de la Lugones o en la del Malba, que escuchen el silencio que se arma cuando un nene se sube a un tren para conocer una ciudad, y que después, cuando salgan a la calle, piensen un poquito en los que hicieron esta película juntos, en los que la siguen mostrando y en los que ya no están para verla. A veces el cine argentino nos regala películas así, chiquitas y enormes, y uno tiene la obligación de acompañarlas.
