El parador de Neuquén que arrancó en pleno frío y ahora se atreve a quedarse todo el año
A dos meses de su apertura, el refugio nocturno atendió a 400 personas y registró un promedio de 100 asistentes por noche, con picos de 120. Con la llegada de la primavera, dejará de ser solo un lugar para dormir y se transformará en un dispositivo por etapas, pensado para acompañar la reinserción laboral y familiar.
El operativo empieza todas las noches en la puerta de la Catedral María Auxiliadora, en pleno centro de Neuquén. Cuando cae el sol y empieza a pegar el frío neuquino —porque acá, aunque muchos se confundan, el invierno se siente y mucho— los voluntarios y los operadores del municipio se acercan con un guiño amable y un termo grande. Cualquier persona en situación de calle que quiera pasar la noche bajo techo tiene un lugar. No hace falta pedir turno, no hace falta contar la historia de su vida antes de entrar: el parador funciona con criterio de bajo umbral, es decir, recibe a todos, también a quienes tienen consumos problemáticos.
Eso que parece un detalle técnico es, en los hechos, la diferencia entre dormir adentro o quedarse tirado en una vereda. Dos meses después de la apertura, el balance que hacen desde la organización es contundente: 400 personas atendidas y un promedio de 100 asistentes por noche, con picos de hasta 120. El 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la propia ciudad de Neuquén, según los cruces con el Registro Nacional de las Personas. O sea, no estamos hablando de una problemática que viene de afuera: estamos hablando, sobre todo, de vecinos que perdieron su casa o que nunca pudieron armar una.
De parador invernal a dispositivo de todo el año
Ahora que la primavera empieza a asomar y la lógica diría que el refugio podría bajar la persiana, los responsables del dispositivo decidieron todo lo contrario. El lugar no va a cerrar: se va a reconvertir. Lo que era básicamente un parador nocturno para aguantar el frío se va a transformar en un dispositivo que trabaja por etapas, con niveles de bajo, mediano y alto umbral, pensado para que cada persona pueda ir avanzando —si quiere y puede— hacia la reinserción laboral y, sobre todo, hacia la reinserción familiar. El objetivo de fondo, dicen quienes lo diseñaron, es que los asistentes puedan acceder a un alquiler propio o volver a armar la vida con su familia.
- El primer nivel, de bajo umbral, recibe a quienes llegan tal como están, sin requisitos previos.
- El segundo nivel apunta a estabilizar a la persona, con más horas dentro del dispositivo y trabajo sobre los consumos problemáticos.
- El tercer nivel, de mayor exigencia, está orientado a quienes están en condiciones de pensar en un empleo o en reconstruir vínculos familiares.
- El cierre ideal es que cada usuario pueda pagar un alquiler o reinsertarse en un entorno familiar propio.
El cambio de formato no nació de un escritorio. Los responsables del parador neuquino viajaron durante dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, para visitar organizaciones que llevan años laburando con personas en situación de calle y aprender de su experiencia. Trajimos ideas, volvimos con una hoja de ruta, dicen. La idea es copiar lo que funciona y adaptarlo a la realidad de Neuquén, que es otra —más chica, más cercana, donde mucha gente se conoce por el nombre.
Una casa con trailers, profesionales y reglas de convivencia
El nuevo esquema tiene una particularidad muy concreta: el punto de encuentro nocturno ya no será solo la Catedral. A partir de ahora funcionará un tráiler especialmente acondicionado al lado del Hospital Bouquet Roldán, donde los usuarios podrán dejar sus pertenencias con seguridad. Desde ahí salen los traslados hacia el refugio, aunque las personas que estén en condiciones de movilizarse solas también podrán ir por su cuenta. Es un detalle menor, pero enorme: tener un lugar donde guardar las bolsas con la ropa, las fotos, las pocas cosas que cada uno arrastra, cambia la lógica de vivir en la calle.
En materia de salud, el parador ya venía funcionando con un equipo bastante completo: atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y grupos de psicólogos que abordan las situaciones en forma individual. Con el nuevo formato se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y se sumará de manera más activa el Ministerio de Salud de la provincia. Además, se trabajará en red con los otros refugios de mediano umbral que ya existen en la ciudad, para que nadie quede dando vueltas entre un dispositivo y otro.
El acceso es absolutamente voluntario. Nadie obliga a nadie a pasar la noche adentro. Por eso todavía hay personas que, aun con el parador abierto, prefieren dormir a la intemperie. A esos casos, los operadores los conocen bien: los ven en la misma esquina de siempre, les hablan, les ofrecen un lugar, y muchas veces el acercamiento lleva semanas, meses, hasta que la persona se anima. María, una vecina del centro que desde hace años les lleva frazadas y comida a los chicos que duermen en la puerta del banco, me decía el otro día mientras cebaba mate en su cocina: "Yo los veo todos los días. Algunos ya los conozco por el nombre. Uno quiere que pasen, pero no podés obligar a nadie. Lo que sí podés es estar". En eso estamos.
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