El ovario no se jubila: un estudio revela que sigue trabajando décadas después de la menopausia
Una investigación de universidades estadounidenses demostró que el órgano modifica su perfil de proteínas con el paso de los años, en un proceso que incluye más inflamación y menos estructura celular. Los hallazgos abren nuevas preguntas sobre el envejecimiento femenino y el riesgo de ciertos tumores.
Me acuerdo de mi vecina Marta, en el barrio, cada vez que hablamos de menopausia repite la misma frase: "El cuerpo de la mujer se apaga". Lo dice con la autoridad que le dan sus 67 años y un montón de amigas que atravesaron lo mismo. Y la verdad es que, durante décadas, la medicina le dio bastante razón. Pero un estudio reciente, publicado en la revista Aging Cell, viene a mover el avispero: el ovario no se apaga, ni mucho menos. Sigue activo, cambiando, trabajando en silencio mucho después de que se acabó la fertilidad. Y lo que haga en esa etapa podría tener consecuencias que todavía no terminamos de entender.
La investigación la llevaron adelante equipos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos en Estados Unidos. Analizaron 28 muestras de tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años, operadas por motivos benignos, sin ningún tipo de cáncer. A esas muestras las pasaron por una técnica llamada espectrometría de masas, que permite identificar y cuantificar proteínas. El resultado: 5.812 grupos de proteínas medidas y comparadas entre tres franjas etarias, de 50 a 59, de 60 a 69, y de 70 años en adelante.
Qué cambia con los años adentro del ovario
Lo que encontraron fue una transformación gradual, como un edificio que va dejando de lado ciertas funciones para ocuparse de otras. A mayor edad, subieron las proteínas asociadas a la inflamación, a la respuesta inmunitaria innata y al recambio de la llamada matriz extracelular, esa red invisible de moléculas que sostiene a los tejidos como una camiseta elástica. En paralelo, bajaron las proteínas vinculadas a la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas, que son las proteínas que mantienen la forma firme del tejido.
Cuando compararon a las mujeres de 70 años o más con las de 50 a 59, el salto fue claro: 117 proteínas con cambios relevantes. De esas, 84 disminuyeron y 33 aumentaron. El cuadro que se dibuja es el de un órgano que pasa de sostener su propia estructura a dedicar más energía a tareas de reparación y señalización, como si dijéramos, en criollo, que en vez de mantener la pintura de la casa empieza a gastar en arreglar goteras.
- Proteínas inflamatorias y de respuesta inmune: aumentan progresivamente con la edad.
- Proteínas estructurales y queratinas: disminuyen con el paso de los años.
- Proteínas del recambio de la matriz extracelular: se incrementan, sobre todo después de los 70.
- Cambios más marcados entre los 50 y los 60 que en otras franjas: 84 proteínas bajan y 33 suben en mayores de 70.
La voz de una de las autoras
“La fertilidad termina cuando se agotan los óvulos, pero eso no significa que el ovario quede inactivo. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern
Los investigadores también cruzaron sus datos con estudios previos sobre cáncer de ovario. Las muestras del grupo de 60 a 69 años mostraron mayor presencia de algunas proteínas que en otros trabajos se habían asociado a ese tumor, justo en el rango de edad donde ese tipo de cáncer suele diagnosticarse. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de malignidad, y que la coincidencia no significa causalidad. Pero la pregunta queda flotando: ¿se prepara el terreno, sin que nadie lo note, para enfermedades que recién se manifiestan mucho después?
Por qué importa para nosotros
Acá en el barrio, cuando le conté a Marta lo del estudio, se quedó callada un rato largo. Después me dijo: "Mirá vos, yo que creía que después de la menopausia no tenía que ocuparme más de eso". Y la verdad, nosotros los santiagueños, y las santiagueñas en particular, solemos pensar la menopausia como una frontera, como una señal de stop. Lo que dice esta investigación es que la frontera existe para la fertilidad, pero el órgano sigue del otro lado, trabajando con su propio ritmo, con sus propios cambios, con sus propios riesgos.
Todavía falta mucho para sacar conclusiones definitivas. El estudio es chico, con 28 muestras de un solo país, y los propios autores piden investigaciones más grandes que confirmen qué pasa con esos cambios. Pero lo que ya dejó en claro es algo que a mí, personalmente, me parece enorme: la salud de la mujer después de los 50 no es un capítulo cerrado, y el ovario, lejos de jubilarse, sigue escribiendo su propia historia. Lo que todas esperamos, y Marta la primera, es que la medicina empiece a mirar esa historia con la seriedad que merece.
