El Día de la Madre volvió a dejar sabor amargo en las pymes y ya son cinco caídas al hilo
El comercio minorista facturó 1,4% menos en términos reales que el año pasado, según CAME. Con promociones en casi todos los locales, ni los descuentos ni las cuotas sin interés pudieron torcerle el brazo a una que se vuelca cada vez más hacia lo barato y posterga lo caro.
Por quinto año consecutivo, el Día de la Madre dejó un balance negativo en las ventas minoristas pymes: la facturación real cayó 1,4% en la comparación interanual, de acuerdo con el relevamiento difundido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). El ticket promedio de la jornada se ubicó en 63.197 pesos a precios corrientes, un número que, leído en conjunto con la merma real, vuelve a poner sobre la mesa el agotamiento del bolsillo de las familias y la pérdida de poder de fuego del consumo masivo.
Promociones para todos, facturación para pocos
El dato más elocuente de la encuesta es que el 88,9% de los comercios relevados aplicó algún tipo de promoción: descuentos, cuotas sin interés, bonificaciones bancarias o esquemas combinados como 2x1 y 3x2. Es decir, casi nadie quedó afuera del menú de ofertas, y aun así el resultado fue negativo. La explicación que repiten los comerciantes consultados por CAME apunta a un cambio estructural en el comportamiento del comprador: se eligen artículos de menor valor unitario, se postergan las compras de mayor escala y se aprovecha la financiación para estirar el regalo sin estirar el efectivo.
- Cosméticos y perfumería: ticket promedio de 88.000 pesos, con caída interanual de 3,2%. Las lluvias en el Área Metropolitana de Buenos Aires y en el interior recortaron la circulación en los locales durante los días previos.
- Electrodomésticos y artefactos de hogar: 72.581 pesos de ticket y 3,6% de baja, la peor marca entre los seis rubros medidos. La demanda se volcó a pequeños electrodomésticos y líneas de entrada, y los canales digitales le ganaron la pulseada a las vidrieras físicas.
- Calzado y marroquinería: 67.332 pesos y retroceso de 2,2%. Las ventas se sostuvieron casi exclusivamente gracias a la financiación en cuotas.
- Equipos periféricos, accesorios y celulares: 60.089 pesos y caída de 3,2%. La renovación de equipos se postergó y la plata se fue a accesorios accesibles.
- Indumentaria: 55.416 pesos y una suba marginal de 0,1%, empujada por promociones agresivas.
- Librería: 37.638 pesos y crecimiento de 3,4%, el único rubro que se consolidó como alternativa económica para regalar.
La brecha entre lo que dice el organismo y lo que se ve en el mostrador
Desde CAME insisten en que se trata de una caída leve y que el consumo masivo pyme sigue mostrando resistencia. En los locales, la lectura es otra. En la calle Florida, pleno centro porteño, una vendedora de una marca de indumentaria femenina resumió el clima en pocas palabras: «La gente pregunta, compara, se prueba dos o tres cosas y se va con lo más barato o se va con las manos vacías. Las cuotas sin interés mueven, pero no alcanzan». En comercial de San Justo, partido de La Matanza, un comerciante de electrodomésticos coincidió: «Venden las pavas eléctricas y las planchas, lo barato. Televisor o cocina casi nadie se lleva; la gente pregunta, pero termina yéndose». La diferencia entre el optimismo del informe y la sensación de góndola vacía se repite en cada relevamiento y se profundiza cuando el dato se acumula durante cinco ediciones seguidas de la misma fecha.
“La gente pregunta, compara, se prueba dos o tres cosas y se va con lo más barato o se va con las manos vacías. Las cuotas sin interés mueven, pero no alcanzan.”Vendedora de una marca de indumentaria femenina, peatonal Florida, Ciudad de Buenos Aires
Expectativas truncas a mitad de camino
El 51,3% de los comerciantes consultados consideró que las ventas estuvieron en línea con lo esperado, un número que en otra circunstancia podría leerse como conformidad pero que, en el contexto de cinco caídas consecutivas, suena más bien a resignación: muchos ya habían ajustado sus previsiones a la baja antes de que llegara la fecha. El resultado final consolida una tendencia que combina inflación acumulada, salarios que no terminan de recuperar terreno y un consumidor que aprendió a estirar cada peso con promociones, cuotas y del regalo útil. La pregunta de fondo queda abierta y es la misma que se repite en cada balance comercial de los últimos años: en un país donde la madre es la fecha más importante del calendario para el consumo minorista, ¿quién termina pagando realmente la cuenta de esta caída sostenida? ¿El comercio pyme, que descuenta y financia para mantener la caja viva? ¿El consumidor, que compra menos y más barato? ¿O el modelo económico, que lleva cinco años seguidos sin encontrarle la vuelta al mostrador?
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