Dos escapadas a menos de cien kilómetros de Buenos Aires para meterse de lleno en el mundo del vino
Finca Gamboa y Estancia Vigil son las dos propuestas que conviven en el partido de Campana: bodegas, viñedos, almuerzos de pasos y caminatas entre vides, todo a un paso de la Panamericana.
A poco más de sesenta kilómetros del centro porteño, saliendo por la Panamericana, el paisaje empieza a cambiar y el asfalto empieza a oler a mosto. El partido de Campana, en el norte bonaerense, se consolidó en los últimos años como una de las puertas de entrada al turismo del vino sin necesidad de cruzar la cordillera, y en su territorio conviven dos propuestas bien distintas que vale la pena conocer antes de armar una salida: Finca Gamboa, sobre la Ruta 9, y Estancia Vigil, en la zona de Los Cardales. Las dos suman viñedos, bodega y gastronomía, pero cada una tiene su propia lógica y su propio ritmo, así que la elección depende mucho de qué es lo que uno busca cuando se sube al auto un sábado a la mañana.
Finca Gamboa: una bodega con vista y mucha actividad entre las vides
La primera parada está a la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, justo donde la Ruta 9 se vuelve una invitación a bajar la velocidad. Finca Gamboa es un proyecto fundado por Eduardo Tuite que trabaja con uvas propias y también con partidas que llegan de otras zonas vitivinícolas del país, algo que siempre me gusta aclarar porque habla de cómo se arma un blend en una región que todavía está dando sus primeros pasos serios en el mapa del vino argentino. La visita guiada recorre la bodega, que funciona con un sistema de elaboración por gravedad y tiene capacidad para más de 25.000 litros, y termina generalmente con una degustación en la cava subterránea, un espacio que ya de por solo justifica el viaje si uno es de los que se estremece con esas temperaturas constantes y esa penumbra ordenada. Las entradas y los horarios conviene chequearlos en la web del lugar antes de salir, porque la agenda se mueve bastante según la época del año y el tipo de experiencia que se elija.
Lo que distingue a Finca Gamboa es que la experiencia no se agota en la copa: la finca tiene una glorieta entre las plantaciones, senderos para caminar entre las vides y hasta propuestas de picnic al aire libre, algo que en primavera y principio del otoño se disfruta de una manera especial, cuando la luz cae sobre los álamos y las lagunas que bordean el campo. El entorno ayuda: el terreno está cerca de la Reserva Natural Otamendi y del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, así que la escapada se puede estirar un poco más si a uno le gusta combinar el vino con un poco de observación de aves y de vegetación nativa. Para los más hambrientos, Casa Gamboa ofrece el Menú Terruño, una secuencia de platos maridados con vinos de la casa que funciona como cierre perfecto de la recorrida.
Estancia Vigil: la apuesta de Alejandro Vigil en tierras bonaerenses
La otra opción se aleja unos kilómetros de la Panamericana y se interna en Los Cardales, también dentro del partido de Campana. Estancia Vigil es la criatura que Alejandro Vigil, enólogo de larga trayectoria, decidió plantar en Buenos Aires como extensión de su Casa Vigil de Chachingo, en Mendoza. La idea, según me contaron en una visita anterior, fue traer a la provincia aquel concepto de hospitalidad enológica que funciona tan bien al pie de la cordillera, pero adaptado a un paisaje más pampeano y más cercano para el público porteño. Lo primero que llama la atención al llegar son las construcciones de piedra, inspiradas en viejas casas de inmigrantes europeos, que le dan al complejo un aire entre colonial y serrano que no termina de sorprender hasta que uno lo tiene delante.
El predio suma senderos arbolados, canales de agua, álamos y viñedos jóvenes que todavía están creciendo y que, justamente por eso, forman parte del atractivo: uno puede ver cómo se va armando una viña desde abajo, algo que en zonas más tradicionales no siempre es posible. La pata gastronómica es protagonista y está pensada para quedarse un buen rato en la mesa, con una cocina que dialoga con los vinos del propio Vigil y que se disfruta mejor con tiempo y sin apuro, algo que vale la pena tener en cuenta cuando se reserva. Como todas las propuestas enoturísticas, los valores de las degustaciones y los menús conviene confirmarlos antes de ir, porque cambian por temporada y según la experiencia que se elija.
Cómo elegir entre una y otra
- Si la prioridad es ver de cerca el proceso de elaboración y entender cómo se hace un vino, Finca Gamboa es la opción más completa, porque suma recorrido por bodega, cava subterránea y actividades prácticas como cursos de viticultura o experiencias de vendimia.
- Si lo que se busca es un día más relajado, con buena mesa y un entorno que invite a quedarse, Estancia Vigil funciona mejor: el complejo está pensado para almorzar sin reloj y combinar el paseo con una tarde larga en el parque.
- Para familias o grupos con ganas de moverse al aire libre, la finca de la Ruta 9 ofrece caminatas, picnic y hasta recolección nocturna de uvas en época de cosecha, algo que los chicos suelen recordar mucho tiempo.
- Para quienes quieran sumar naturaleza, las dos están cerca de la Reserva Natural Otamendi y del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, así que la jornada se puede completar con una parada extra para caminar por las lagunas antes de volver.
Mi recomendación, si me dejan meter la cuchara, es ir primero a Finca Gamboa en primavera, cuando los viñedos están en pleno crecimiento y la luz de octubre les saca un verde que parece pintado, y guardar Estancia Vigil para el otoño, cuando las hojas de los álamos empiezan a virar y la mesa larga pide un Malbec con más cuerpo y una sobremesa que se estire hasta que caiga el sol. En cualquiera de los dos casos, el dato práctico que nunca falla es salir temprano desde Buenos Aires por la Panamericana, cargar la nafta antes de pasar Campana y volver con tiempo: los atardeceres en esa zona del norte bonaerense son de esos que justifican, solos, todo el viaje.
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