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Martes, 29 de septiembre de 2026
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Doce ficciones para no dormirse en la butaca: un recorrido que va del minuto y medio a las cuatro temporadas

Una selección de series que cruzan géneros, formatos y geografías: desde el plano secuencia apocalíptico de El colapso hasta la vida apacible de un veterinario en Yorkshire, pasando por conspiraciones, duelos universitarios y hermanas que se dicen todo menos piropos.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Doce ficciones para no dormirse en la butaca: un recorrido que va del minuto y medio a las cuatro temporadas

Les cuento que, antes de recomendarles nada, necesito aclararles algo: a mí la elección de una serie para maratonear me genera el mismo vértigo que elegir un buen asado para el domingo. Uno se planta frente al catálogo, se le abre el pecho de la ansiedad y termina mirando el techo del living como si el techo tuviera la respuesta. Por eso me gusta detenerme en selecciones como esta de doce ficciones, que van del suspenso a la comedia pasando por el duelo y el costumbrismo inglés, y permiten elegir según el tiempo que tengamos o el ánimo con el que lleguemos a la noche.

A veces la duración manda. Para una noche corta, El colapso propone ocho episodios de unos veinte minutos, cada uno rodado en plano secuencia y con relatos independientes sobre personas que buscan sobrevivir al derrumbe de la sociedad. La duración breve obliga a los guionistas a poner la cámara y la situación en el mismo lugar, casi sin aire, y ese vértigo del tiempo real termina siendo un golazo visual. Si lo que uno quiere es un recorrido largo y sabroso, Los Durrell ofrece cuatro temporadas y sigue a una familia que deja Inglaterra para instalarse en Corfú, a partir de la autobiografía de Gerald Durrell. Es de esas series que curan: paisajes griegos, animales desastrosos y personajes que discuten por cualquier cosa mientras el Mediterráneo los mira desde abajo.

El suspenso tiene varias puertas

El suspenso, en esta selección, no viene en un solo formato. En La ruta del dinero, producción danesa, el hallazgo de un trabajador muerto en un parque eólico abre una investigación sobre prácticas empresariales; es la típica ficción nórdica donde el viento, la nieve y los balances contables se vuelven igualmente opresivos. Glue, creada por Jack Thorne, corre el eje hacia un pueblo rural inglés: un cadáver debajo de un tractor expone los secretos de un grupo de adolescentes y la pesquisa se vuelve casi una radiografía de una generación entera.

Y si uno quiere irse más lejos todavía, ahí está Utopia, de Dennis Kelly, que lleva la intriga al terreno de las conspiraciones. Unos usuarios de un foro consiguen el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes y una organización comienza a perseguirlos para obtenerlo. Es una serie que pide sofá, luz baja y cero interrupciones, de esas que te dejan mirando fijo el cartel de fin de episodio con la mandíbula floja.

El duelo, los vínculos y el campo inglés

Los vínculos y las pérdidas atraviesan otras propuestas que, a mi criterio, son las más emotivas del lote. En The Virtues, Stephen Graham interpreta a Joseph, un hombre que vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma infantil y reencontrarse con su hermana; la cámara le come la cara y el silencio hace el resto. Big Boys, en cambio, trabaja el duelo desde la vida universitaria: Jack llega después de un año en su casa tras la muerte de su padre y conoce a Danny, su compañero de habitación. La ficción tiene tres temporadas y un humor británico que no le escapa a la tristeza, sino que la acompaña como un amigo que sabe cuándo callar.

Para los que prefieren el costado luminoso de los vínculos adultos, Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston, sigue a dos amigos cuya rutina se ve alterada por una muerte, una boda y un romance. El título suena a libro infantil pero la serie tiene la mirada precisa de las amistades que no necesitan grandes gestos para sostenerse. Quienes busquen algo más clásico pueden ir directo a Todas las criaturas grandes y pequeñas, que cuenta con seis temporadas y gira en torno al trabajo del joven veterinario James Herriot en Yorkshire: animales, casas de piedra y un ritmo de pueblo que funciona como bálsamo.

Comedia, comunidad y tres maneras de habitar el mundo

Quedan tres series que se ríen de todo, incluso de sí mismas. Russell T. Davies aparece dos veces: en Queer As Folk, con tres hombres gays en Manchester, y en Nolly, donde Helena Bonham Carter se pone en la piel de la estrella televisiva Noele Gordon y le sacude el polvo a un personaje real con esa ironía fina que tiene la actriz cuando se lo propone. Such Brave Girls, por su parte, se centra en las hermanas Josie y Billy y su madre soltera, y tiene ese humor ácido que primero te hace reír y después te deja pensando, que es exactamente el tipo de comedia que a mí más me gusta.

Al final, como en cualquier selección que se precie, uno no elige la serie: lo elige el cuerpo. Si están con ganas de tensión nórdica, saben qué poner. Si andan con el corazón flojo, el veterinario de Yorkshire los espera sin apuro. Y si lo que quieren es reírse hasta que les duela la panza, las hermanas de Such Brave Girls o Nolly están listas para recibirlos. La guía está servida: ahora solo falta que elijan el control remoto, se hagan un mate, y le den play sin culpa.

  • Para noches cortas y vértigo en tiempo real: El colapso (ocho episodios de unos 20 minutos, en plano secuencia).
  • Para maratones largas y reparadoras: Los Durrell (cuatro temporadas en Corfú) o Todas las criaturas grandes y pequeñas (seis temporadas en Yorkshire).
  • Para quien busca suspenso y conspiración: La ruta del dinero, Glue o Utopia.
  • Para quien necesita una buena cuota de emoción: The Virtues o Big Boys.
  • Para reírse a carcajadas con inteligencia: Queer As Folk, Nolly o Such Brave Girls.
PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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