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Después del entrenamiento, el cuerpo sigue trabajando para volver a su equilibrio

La fatiga no se explica solamente por el desgaste muscular: también intervienen el sistema nervioso, el combustible disponible y la pérdida de agua y electrolitos. Especialistas señalan qué procesos se ponen en marcha y qué medidas pueden aliviar las molestias.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 4 de septiembre de 2026 · hace 2 h

En la casa, una hora después de terminar la rutina, el cuerpo todavía parece estar pagando el esfuerzo. Las piernas pesan, la energía cae y hasta los movimientos más simples requieren más atención de la habitual. Esa sensación no es únicamente muscular: es la expresión de una fatiga que combina cambios en los tejidos, modificaciones en el sistema nervioso y disminución de las reservas energéticas.

Así lo explicó Athalie Redwood-Brown, profesora de análisis del rendimiento deportivo en la Universidad de Nottingham Trent. La especialista indicó que el ejercicio altera el equilibrio de partículas cargadas dentro del músculo, necesarias para activar la contracción. Cuando esa alteración se instala, el tejido responde con menos eficacia y aparece la impresión de que los músculos quedaron vacíos.

El cerebro también necesita recuperarse

El cansancio puede tener además un componente central. El cerebro y la médula espinal envían las señales que ordenan la contracción muscular, pero durante un esfuerzo elevado esa activación puede disminuir de manera transitoria. Por eso, en algunos casos, el problema no está solamente en el músculo sino en la dificultad temporal para reclutarlo con la misma intensidad.

A esta respuesta se suma el consumo de carbohidratos almacenados, que disminuye después de una sesión prolongada. La transpiración, además, provoca pérdida de agua y electrolitos, especialmente sodio, elementos importantes para el funcionamiento de músculos y nervios. Si no se reponen, el rendimiento puede empeorar y el esfuerzo sentirse mayor.

No confundir fatiga con dolor muscular tardío

Redwood-Brown diferenció ese estado del dolor muscular de aparición tardía, conocido como DOMS. Este malestar suele aparecer después de realizar movimientos poco habituales o de retomar la actividad después de un período de inactividad, y se relaciona especialmente con el trabajo excéntrico, es decir, cuando el músculo genera fuerza mientras se alarga, como ocurre al bajar lentamente un peso.

La fatiga tampoco es patrimonio de quienes recién comienzan. Un corredor con experiencia que haga por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como un principiante. La diferencia, según el proceso descrito por la especialista, es que el organismo suele contar con mecanismos de adaptación. Aun así, la recuperación depende de cómo se repongan el descanso, el agua, los electrolitos y las reservas de energía. Para nosotros los santiagueños, que conocemos el valor de volver a intentar después del esfuerzo, la recuperación no debería verse como una debilidad: es la parte que permite que el cuerpo responda otra vez. Lo que la persona espera después de entrenar es sentirse mejor, recuperar fuerzas y poder moverse con la misma seguridad al día siguiente.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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