Del campo a la ruta: la jubilada lobense que se hizo la casa sobre ruedas y ya lleva tres años explorando la Argentina sola
Delia Torres, de 63 años y vecina de Lobos, convirtió primero un Renault 11 del 91 y hoy una Berlingo adaptada en su maison rodante. Cuenta cómo arrancó en pandemia, qué lleva adentro y por qué eligió Iruya como próximo destino.
A poco más de 130 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en Lobos, vive Delia Torres, una mujer de 63 años que pasó décadas armando itinerarios turísticos para otros y que hoy, jubilada, decidió armárselos para sí misma. Desde 2021 viaja sola por rutas y pueblos argentinos, primero a bordo de un Renault 11 modelo 1991 adaptado con sus propias manos y, más recientemente, en una Citroën Berlingo acondicionada como pequeña vivienda sobre ruedas, con cama, cocina y baño portátil. Ya recorrió desde Las Grutas, en Río Negro, hasta Iruya, en el norte salteño, y tiene la mira puesta en seguir subiendo.
La historia empieza con una pregunta que Delia se hacía cada vez que organizaba un tour: qué había detrás de los carteles de los pueblos que aparecían al costado de la ruta, en esos puntos que ningún itinerario comercial incluye. Trabajó años en turismo, conocía los destinos desde los circuitos armados, pero le faltaba lo que no se vende en folleto: la charla con la gente del lugar, el desvío sin plan, la parada improvista. La pandemia, dice, terminó de empujar lo que ya venía madurando. En 2019 se había mudado al campo, sobre la Ruta 41, y cuando se aflojaron las restricciones empezó a ver pasar casas rodantes frente a su casa. Empezó a mirar videos en YouTube de personas que adaptaban autos comunes para vivir viajando, y pensó: si ellos pueden, por qué yo no.
Del Renault 11 a la Berlingo: ingeniería casera sobre cuatro ruedas
El primer paso fue artesanal y muy de prueba y error. Probó con almohadones, midió espacios, corrió asientos y terminó sacando la butaca delantera del acompañante para instalar una cama de una plaza con lugar de guardado debajo. En la luneta armó una cocina con anafe y bidones de agua; del otro lado, un inodoro químico portátil. Nada lujoso, todo funcional. Para trayectos largos, Delia sigue un consejo que le dieron conocidos de redes antes de la primera salida: arrancar de a poco, con recorridos cortos, para entender el auto y los límites del propio cuerpo en ruta.
El debut en distancia fue a Las Grutas, en la costa atlántica de Río Negro, con unos quince días fuera de casa. Volvió con la confirmación de que el formato funcionaba. En 2023 se largó hacia Chajarí, en Entre Ríos, y lo que tenía que ser un viaje se fue estirando solo: Corrientes, Misiones, las Cataratas del Iguazú y regreso por la costa del río Uruguay. En el camino se desvió hasta Yapeyú y luego hasta El Soberbio, para conocer los Saltos del Moconá, donde llegó con niebla y tuvo que esperar hasta el mediodía para ver caer el agua. Cuenta que allí se animó a subir a un gomón, una experiencia que todavía se le nota en la voz cuando la describe.
- Los traslados largos se hacen en Citroën Berlingo adaptada con cama, cocina con anafe y baño químico portátil.
- En Catamarca no subió al Campo de Piedra Pómez: el auto no respondió en la pendiente y el viento en contra lo hacía imprudente.
- Para gastos de ruta, Delia estima entre 15.000 y 20.000 pesos diarios por combustible y comida, según el tramo.
- El tramo a Iruya, en 2024, duró unos 40 días en total, parte de ellos transitando la Ruta 40.
- Ya planea volver al norte y seguir explorando pueblos que no aparecen en las guías tradicionales.
“Los carteles de los pueblos al costado de la ruta siempre me generaban la misma pregunta: qué hay ahí, cómo es la gente. Viajando sola me fui dando el gusto de averiguarlo.”Delia Torres
Una red de ayuda que funciona en ruta
En su primer encuentro de rodanteros, en General Belgrano, a unos 100 kilómetros de Lobos, Delia descubrió la otra pieza clave: la comunidad. Grupos de WhatsApp y de Facebook donde alguien puede pedir que un viajero cercano se acerque a asistirlo, recomiende un mecánico, indique un lugar seguro para parar o avise de un piquete. Esa red, dice, fue lo que le permitió animarse a tramos como el de Iruya, donde el ripio y la alturaponen a prueba cualquier tren delantero.
Para quienes estén pensando en algo parecido, la recomendación de Delia es clara: arrancar con un auto chico, probar con dos o tres salidas cortas y aceitar la logística antes de meterse en rutas de montaña. El mejor momento del año para el norte, según su experiencia, va de mayo a septiembre, cuando el calor afloja y los cielos están más limpios para los trayectos largos. Ahí planea volver Delia, con la Berlingo cargada y la libreta de direcciones llena de pueblos que todavía le faltan.
