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Martes, 13 de octubre de 2026
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Darío Giordano salió a responderle a su hijo Valentín y reconoció que no estuvo a la altura del duelo, aunque negó cualquier episodio de violencia

El productor difundió un comunicado un día después del testimonio público de Valentín Yankelevich, quien había relatado situaciones de maltrato físico y emocional en su hogar tras la muerte de Romina Yan. Pidió disculpas por no haber acompañado como debía a sus hijos varones y reclamó que el conflicto se resuelva en privado, lejos de cámaras y microphones.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Darío Giordano salió a responderle a su hijo Valentín y reconoció que no estuvo a la altura del duelo, aunque negó cualquier episodio de violencia

Yo te juro que el patio de esta historia está lleno de sombras y de recuerdos que todavía duelen, porque cuando alguien decide hablar de lo que pasó puertas adentro de una familia, todo el barrio se entera y la herida se abre una vez más. Eso es lo que se vio en las últimas horas alrededor de la familia Yankelevich Giordano, donde un padre y un hijo quedaron cara a cara, aunque sea a través de comunicados y cámaras, después de más de una década de un duelo que nunca terminó de cerrarse. Y en el medio, la memoria de Romina Yan, esa actriz querida que se fue en septiembre del 2010 y que dejó un hueco enorme en la pantalla y en la vida de los suyos.

Darío Giordano, el productor que durante muchos años acompañó a Romina tanto en lo personal como en lo profesional, decidió romper el silencio este lunes y salió públicamente a responderle a su hijo mayor, Valentín Yankelevich, quien el domingo había dado un testimonio durísimo en el que habló de violencia física y emocional vivida en la infancia y en la adolescencia, sobre todo a partir del fallecimiento de su mamá. Lo hizo con un comunicado que él mismo difundió y que buscó poner límites claros a la discusión, sin dejar por eso de reconocer, con una honestidad que a mí me llamó la atención, que él también falló en aquel momento tan bravo por el que le tocó atravesar a esa familia.

Penas de amor

En el texto, Giordano arranca rechazando de plano las acusaciones más graves que le había hecho su hijo y deja bien plantada su posición: "Quiero dejar algo en claro, rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen, ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia", escribió, y de esa manera zanjó, al menos desde su lado, cualquier lectura que quisiera instalar la idea de un padre violento en esa casa. Pero al mismo tiempo, y esto es lo que a mí me parece que marca un punto de inflexión, el productor no se la agarró con los tapes contra Valentín, sino que eligió un camino bastante más humano, el de asumir una parte que le toca, aunque le duela. "Aunque es posible que en ese momento de duelo y dolor yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban, les pido perdón por eso", reconoció, y dejó en claro que ese pedido de disculpas no es una manera indirecta de aceptar lo que su hijo denunció, sino una forma de hacerse cargo de lo que él siente que faltó en ese acompañamiento emocional que cualquier chico necesita cuando se queda sin su mamá de un día para el otro.

Giordano además describió con crudeza el impacto que tuvo la muerte de Romina en su vida y en la estructura familiar, algo que me parece importante porque ayuda a entender, sin justificar, el espiral de desencuentros que vino después. "La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía, nunca imaginé vivir una vida sin ella", reconoció, y agregó que mientras él intentaba procesar ese agujero negro que se le había abierto por dentro, también trataba de sostener a sus tres hijos: Valentín, Franco y Azul, los tres chicos que quedaron a la deriva de un día para el otro y que cada uno, parece, hizo su propio camino para arreglárselas con el dolor como pudo. Esa imagen de un padre desbordado por la tragedia, intentando a la vez poner el pecho y mantener la casa en pie, es la que aparece en el escrito y la que, a mi modo de ver, le da un tono más cercano y menos corporativo a un comunicado que en otras manos podría haber sonado frío y distante.

“Los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado.”Darío Giordano, en el comunicado difundido este lunes

Y cómo no estar

A mí lo que más me interesa de todo esto, más allá de quién tiene razón en las acusaciones puntuales, es ver cómo se mueve la línea entre lo privado y lo público cuando hay chicos de por medio y familias que son conocidas. Giordano eligió hablar, pero pidió a la vez que el conflicto se resuelva puertas adentro, sin cámaras de televisión, sin periodistas opinando y, sobre todo, sin que nadie hable en nombre de sus hijos. "No pretendo ganar una discusión pública, quiero conservar la esperanza de que algún día podamos hablar de todo esto en la intimidad, sin intermediarios, sin cámaras y sin que nadie necesite hablar por nosotros", cerró su texto, y esa frase a mí me suena como un llamado de atención a todo el ecosistema mediático que muchas veces decide convertir un drama familiar en una saga de varios capítulos con declaraciones cruzadas, peritos de gestos y títulos catástrofe.

Mientras tanto, el trasfondo de esta historia sigue siendo el mismo de hace casi quince años: una madre que murió demasiado joven, tres hijos que crecieron con ese faltante, un padre y unos abuelos maternos que se repartieron las crianzas según pudieron. Según lo que se conoce, Valentín y su hermano Franco viven con su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, desde el 2015, año en el que la tenencia legal quedó formalmente a su cargo hasta que cumplieron la mayoría de edad, mientras que Azul, la más chica de los tres, convivió con Giordano hasta el año pasado, cuando se mudó y pasó a vivir con sus hermanos. Esa configuración familiar, con los hijos Yankelevich juntos por un lado y el padre productor por el otro, ayuda a entender por qué las acusaciones se hicieron en un momento donde ya no hay una autoridad judicial que dirima la convivencia y por qué, a la vez, todo se vuelve más delicado y más expuesto que cuando los chicos eran menores y los acuerdos se firmaban en los escritorios de los abogados.

Dónde y cuándo se puede seguir esta historia: por ahora, en las redes sociales y en los portales de espectáculos, donde se espera que en las próximas horas pueda haber alguna nueva declaración de Valentín o de su entorno más cercano. Y también, claro está, en el living de cada casa, porque estas son las cosas que nos tocan de cerca, que nos hacen pensar en cómo hablamos con nuestros hijos, en cómo se procesa un duelo familiar y en qué momento, finalmente, conviene abrir la puerta para que la herida deje de doler.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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