Damon Lindelof habló y los fans de "Perdidos" tendrán que aceptar lo que dice: la isla existió y lo otro fue otra cosa
A más de quince años del final de la serie, el cocreador del show volvió a poner las cosas en su lugar, explicó qué son los famosos flash sideways de la última temporada y mandó al tacho de la historia la teoría del purgatorio. Lo que pasó en la isla fue real; lo que no fue real fue esa línea paralela donde el Oceanic 815 nunca se estrella. Y hay un libro sagrado budista detrás de la decisión.
Yo confieso que cuando terminó Perdidos me quedé con esa sensación agridulce que tienen todos los que bancamos la serie durante seis temporadas: la de haber entendido la mitad y la de habernos comido un garrón con la teoría más grande del mundo, esa que decía que la isla era el purgatorio y que los sobrevivientes estaban muertos desde el primer capítulo. Bueno, nada de eso es así. Damon Lindelof, uno de los dos cerebros de la serie junto con J.J. Abrams y Jeffrey Lieber, lo volvió a aclarar en una de esas mesas redondas que se hacen cada tanto con los fans más avezados, y la verdad es que sus palabras sirven para entender de una vez por todas qué quiso contar la serie y por qué la sexta temporada se mueve como se mueve. Te lo cuento como si estuviéramos tomando unos amargos en el patio de casa, porque la cosa bien lo merece.
La isla fue real, siempre fue real
La posición de Lindelof es clara como el agua y no admite doble lectura: en el último fotograma de la serie, Jack Shephard cierra los ojos y se muere en medio de la selva, con Vincent el labrador a los pies. Ese momento pertenece al hilo principal de la historia, al que efectivamente ocurrió. Lo otro, esa línea narrativa paralela que aparece en la sexta temporada y donde los personajes no se conocen entre sí y el avión jamás se estrella contra la isla, es otra cosa. Es, ni más ni menos, lo que les pasa a los personajes después de morir. No es una realidad alternativa ni una paradoja temporal ni un juego de universos paralelos: es el más allá, pero contado de una manera muy particular que los guionistas cocinaron a fuego lento entre la tercera y la cuarta temporada.
“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof
El libro tibetano de los muertos
Para resolver cómo mostrar lo que le pasaba a Jack después de muerto, los guionistas fueron a buscar respuestas lejos, muy lejos de la cultura occidental. Se toparon con el Bardo Thodol, conocido popularmente como el Libro tibetano de los muertos, un texto budista antiquísimo que describe el estado intermedio entre la muerte y la siguiente reencarnación. La idea central del Bardo, y la que Lindelof reconoce como la piedra angular de la sexta temporada, es simple pero profunda a la vez: una persona muere pero no sabe que está muerta. Nadie puede decirle que falleció, aunque sí puede ir recibiendo señales que, si las interpreta bien, lo ayudan a tomar conciencia de su nueva condición. Los flash sideways son justamente eso: ese limbo donde los personajes se van reencontrando y donde, al recordar cosas que en esa realidad nunca vivieron (la isla, los otros, el accidente), van entendiendo que ya no están del lado de acá.
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