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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Cuando un coágulo en la pierna cambia la agenda del día: las señales que conviene no dejar pasar

La trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar pueden ser mortales, pero también prevenibles. Una recorrida por los síntomas de alerta, los factores de riesgo y las etapas de la vida que merecen más atención, con lo que dicen los especialistas para actuar a tiempo.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando un coágulo en la pierna cambia la agenda del día: las señales que conviene no dejar pasar

La escena es conocida y, sin embargo, suele pasar inadvertida. En la cocina de una casa cualquiera, alguien deja el café a medio servir porque la pantorrilla le empezó a doler como si tuviera un calambre que no se va. Piensa que caminó mucho, que se le va a pasar, que ya va a ver. Pero esa pierna empieza a hincharse, la piel toma un color raro, como más oscura o tirando a rojiza, y aparece una sensación de calor que no estaba antes. A veces, en ese mismo living, una vecina de toda la vida -María Rosa, la del segundo- cuenta que a un primo le pasó algo parecido y terminó en una guardia. Lo que parecía un dolor menor se transforma, de golpe, en una consulta que no puede esperar.

Qué es un coágulo y por qué la trombosis venosa preocupa tanto

La tromboembolia venosa se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, generalmente en las piernas. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que requiere atención de emergencia. Por eso, reconocer los signos a tiempo marca la diferencia entre una visita al médico y una noche en terapia intensiva.

Las cuatro señales físicas que hay que mirar con atención

  • Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo, que aparece sin un golpe claro que lo explique.
  • Hinchazón en una sola pierna o en una zona puntual, que no cede con el reposo.
  • Cambios en el color de la piel, que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual en esa área.
  • Sensación de calor localizada en la zona afectada, como si estuviera más caliente que el resto del cuerpo.

El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco fue quien ordenó este mapa de pistas que vale la pena tener a mano. Es importante remarcarlo: ninguno de estos síntomas confirma por sí solo la presencia de un coágulo, pero sí justifica una consulta médica inmediata para descartarlo. Y si aparecen signos de embolia pulmonar como dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar, tos con sangre o pérdida de conocimiento, no hay que esperar ni un minuto: corresponde llamar a emergencias de inmediato.

Quiénes tienen más probabilidades de desarrollar un coágulo

Hay factores que incrementan la probabilidad de que aparezca un coágulo y que conviene repasar uno por uno, sin asustarse pero tampoco mirando para otro lado. Haber tenido un coágulo anteriormente es la señal más fuerte de que el cuerpo puede volver a formarlo. Tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia también pesa en la historia clínica. Fumar, pasar períodos largos con movilidad reducida -por un viaje extenso, una cirugía o una internación- y convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer completan el listado de situaciones que elevan el riesgo.

Tres etapas en la vida de las mujeres que merecen más cuidado

  • Los anticonceptivos hormonales con estrógeno se asocian a un incremento del riesgo, aunque para la mayoría de las mujeres ese aumento sigue siendo bajo.
  • El embarazo y el posparto son un período de mayor vulnerabilidad, porque el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto, y eso favorece la coagulación.
  • La terapia hormonal que se utiliza para aliviar síntomas de la menopausia también puede sumar más niveles cuando incluye estrógeno en la fórmula.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

Nosotros los santiagueños solemos decir que uno se da cuenta de lo que tiene cuando ya lo cuenta desde la cama del hospital, y esa es justamente la costumbre que la medicina intenta correr de en medio. Lo Monaco insistió en un punto que a mí me parece central: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida, sino que el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad los pueden modificar, de modo que el consejo más adecuado depende de la historia clínica de cada persona. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más necesitan conversar el tema con su médico de cabecera, incluso cuando se sienten perfectamente bien. Al final, lo que uno espera que pase no es otra cosa que esto: que un dolor en la pantorrilla o un cambio en la piel encuentre a alguien que ya sabe a quién llamar, en lugar de quedar esperando a ver si se pasa solo.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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