Cuando la pantalla se parece al joystick: la grieta entre crítica y fandom por la nueva Street Fighter
La adaptación que dirige Kitao Sakuari y encabezan Noah Centineo, Andrew Koji y Callina Liang abrió una grieta de 36 puntos en Rotten Tomatoes y volvió a poner sobre la mesa un debate viejo: cuando la película nace como homenaje a una comunidad, ¿vale la mirada del crítico tradicional o la del jugador que se reconoce en cada movimiento icónico?
Vine a buscar ron con vino y me trajiste la cartera, dice el viejo Zitarrosa, y algo parecido pasa con esta Street Fighter que se acaba de estrenar: uno entra al cine buscando una cosa y termina hablando de otra. La sala, en mi caso la del complejo de Avenida Rivadavia un jueves a la tardecita, estaba llena de camisetas con logos de Capcom y de pibes que se sabían de memoria los nombres de los special moves. Antes de que bajara la luz, un par de filas más adelante, alguien gritó Hadoken y la sala entera se rio. Ahí entendí que la película, más que proponerme una experiencia de cine clásico, me estaba invitando a una reunión de vieja guardia.
El patio, como se dice en la jerga cuando todavía se va a las salas, respondió de entrada. Lo que en Rotten Tomatoes se mide con dos termómetros distintos terminó confirmando esa primera impresión: el Tomatómetro, que junta la opinión de la crítica especializada, marcó 43%, mientras que el Popcornmeter, que refleja la valoración verificada del público, trepó hasta 79%. Son 36 puntos de distancia, una grieta enorme para una película de presupuesto grande basada en una franquicia de videojuegos que mueve multitudes desde los años noventa.
Hadouken de claroscuro
Los críticos, consultados por distintos medios anglosajones, fueron bastante claros con sus objeciones: hubo consenso en que el guión tiene baches, que el ritmo se vuelve irregular en el segundo acto y que hay chistes que no terminan de cerrar. Lo notable es que, incluso desde esas lecturas más duras, casi nadie definió a la película como aburrida. Las secuencias de pelea, con esa estética que mezcla acción real y animaciones en 2D homenajeando los sprites del juego original, y el trabajo de coreografía fueron señalados como lo mejor del paquete.
El fandom, en cambio, leyó todo desde otro manual. Noah Centineo como Ken y Callina Liang como Chun-Li se llevaron elogios casi unánimes en las redes y en los comentarios del propio Popcornmeter. La banda sonora, con sus guiños al sonido noventero de las recreativas, fue celebrada como un acierto de época, y la reproducción de los movimientos icónicos de cada personaje funcionó, para los fans, como un carnet de identidad. La idea que atravesó miles de posteos fue directa: la película no se propone como una obra maestra de la narrativa, sino como un puente de energía entre el joystick y la butaca, y en esa misión se la considera cumplida.
- Tomatómetro: 43% de aprobación de la crítica especializada.
- Popcornmeter: 79% de aprobación del público verificado.
- Diferencia: 36 puntos, una de las más marcadas del año.
- Elenco central: Noah Centineo como Ken, Andrew Koji y Callina Liang como Chun-Li.
- Dirección: Kitao Sakurai.
- Observación crítica más repetida: guión irregular y chistes que no cierran.
- Reconocimiento transversal: secuencias de pelea, animaciones 2D y banda sonora noventera.
Ahora bien, a mí lo que me interesa de este caso no es solo el número, sino lo que deja ver sobre cómo miramos las adaptaciones. Cada vez que una película basada en un videojuego se aleja del promedio crítico, vuelve a aparecer el mismo debate: si lo que se mide con las herramientas tradicionales del análisis cinematográfico sirve para evaluar una obra que nace expresamente como homenaje a una comunidad. La pregunta es legítima y, en mi mirada, no tiene una respuesta única.
“Una película puede ser despareja en su guión y al mismo tiempo cumplir un rol emocional enorme para la gente que creció apretando botones en un arcade.”Pablo Trejo
Street Fighter no es la primera vez que transita ese camino. La franquicia ya había probado que su valor simbólico pesa tanto o más que su valor estrictamente cinematográfico, y esta nueva entrega lo confirma con el respaldo de un público que se siente interpelado. La crítica, en tanto, no está equivocada cuando señala lo que señala: simplemente está leyendo otro libro, con otro código, en la misma sala.
Si la película te interesa y querés armar tu propio juicio, lo mejor es ir sin mapa. Está en cartel en las principales cadenas del país, en versiones subtitulada y doblada al castellano, y los complejos suelen tener funciones los fines de semana en horarios centrales. Andá con tu grupo de amigos, con tus hijos o con ese conocido que todavía tiene el pads del arcade guardado en un placard, y después contame: coincidís con la platea o te quedás más del lado de la crítica.
