Cuando el cuerpo pide más que agua: la verdad sobre la hidratación que no sale en las publicidades
La mayoría de los adultos se hidrata bien con el vaso de la canilla y una dieta equilibrada. Pero hay situaciones específicas, como una diarrea persistente o una maratón bajo el sol, en las que el agua sola no alcanza. Qué dice la evidencia, cuándo hace falta consultar al médico y por qué más líquido del necesario también puede ser un problema.
Empiezo la nota en la cocina de cualquier casa de un barrio de Buenos Aires, esa donde la mesada tiene una jarra llena de agua y la heladera guarda un pack de bebidas que alguien trajo del súper con la promesa de que «repone todo lo que perdiste». Te confieso algo, querido lector: yo misma caí durante años en esa publicidad sin preguntarme qué había adentro de la botella ni en qué momento realmente servía. Hasta que me senté a leer con calma lo que dicen la Organización Mundial de la Salud, Unicef y el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, y entendí que el asunto es bastante menos glamoroso y bastante más serio de lo que parece.
Diarrea: el agua no alcanza y la bebida deportiva tampoco
Empiezo por lo urgente. Cuando una persona tiene diarrea, sobre todo si se trata de un chico o un adulto mayor, pierde agua, sodio, potasio y glucosa en proporciones que el agua corriente no puede reponer. La OMS y Unicef vienen recomendando desde hace décadas las llamadas sales de rehidratación oral, un polvo que se disuelve en agua y que tiene una fórmula precisa: una combinación de glucosa con electrolitos que permite al intestino absorber líquido de manera eficiente. Esa es la clave. No es cualquier líquido con sal, es una relación específica entre glucosa y sodio la que logra el efecto buscado. Por eso, si vos o alguien de tu familia atraviesa un cuadro diarreico importante, correr a la farmacia por un sobre de esas sales es lo que indica la evidencia. Una bebida deportiva, en cambio, no cumple esa función: su composición apunta a otra cosa, que es acompañar el esfuerzo físico, y no a tratar la deshidratación que deja una gastroenteritis.
Mi vecina Marta, que tiene tres chicos en edad escolar, me decía el otro día mientras tomábamos mate en la vereda: «Yo siempre tengo un sobre de esos en el botiquín, porque la pediatra me insistió desde que nació el más chiquito. Las veces que sirvió, no sabés lo que te salva». Marta lo vive como parte de la rutina familiar, no como un invento médico. Y tiene razón en tenerlo presente, porque si aparecen señales de alarma como confusión, desmayos, vómitos que no paran o imposibilidad de beber, la consulta médica no se reemplaza con nada casero. Elegir una bebida por cuenta propia, sin ese chequeo, puede ser un error con consecuencias, sobre todo en chicos pequeños y en personas mayores.
En el día a día, comemos bien y nos alcanza
Ahora bien, hecha la aclaración sobre la diarrea, vayamos a lo que nos pasa a la mayoría de nosotros los argentinos en la vida corriente. La hidratación habitual no necesita grandes artilugios. El agua, sumada a una alimentación variada, suele cubrir lo que el cuerpo pide. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas y los frutos secos suman calcio y magnesio; la sal y los alimentos que llegan ya sazonados a la mesa proveen sodio y cloruro. Todo eso, junto con el agua que tomamos a lo largo del día y la que contienen los propios alimentos, mantiene en equilibrio el reparto de líquidos dentro del organismo. Estos minerales, conocidos como electrolitos, cumplen tareas silenciosas pero centrales: regulan cómo se distribuye el agua, hacen funcionar bien a los nervios y permiten que los músculos se contraigan y se relajen sin sobresaltos. La pregunta es si tiene sentido sumarlos en forma de suplemento cuando no hay pérdidas importantes. La respuesta corta es no. Sin un cuadro que justifique reponer, no hay beneficio demostrado en tomar pastillas, polvos o cápsulas de electrolitos por las dudas. La sed y la orina clara siguen siendo las dos señales más confiables de que vamos bien.
- Sales de rehidratación oral: indicadas ante diarrea o vómitos con pérdida de líquidos significativa. La fórmula de OMS y Unicef es la referencia.
- Bebidas deportivas: pensadas para esfuerzos físicos prolongados, no para tratar deshidratación por enfermedad.
- Suplementos de electrolitos sin indicación médica: sin evidencia de beneficio en la hidratación cotidiana.
- Atención médica urgente: ante confusión, desmayos, vómitos persistentes o imposibilidad de beber, la consulta profesional no se reemplaza.
Y llegamos al tercer escenario, que es el que más aparece en las publicidades: el deporte. Acá la cosa cambia según la duración y la intensidad de la actividad, y también según el calor y la humedad del día. Para una caminata de cuarenta minutos o una clase de gym, la evidencia muestra que las diferencias fisiológicas y de rendimiento entre tomar agua o una bebida con carbohidratos y electrolitos son escasas. El agua simple alcanza. Ahora, cuando el esfuerzo supera la hora, y más si corre con temperaturas altas o humedad elevada, la transpiración se lleva sales y energía que conviene reponer. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que en esos casos las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas concretas. No hay una cantidad única que sirva para todos: la sudoración varía de persona a persona, y por eso la recomendación suele ser ajustar según el peso perdido durante la actividad y la sed que aparece. Tomar más de lo necesario tampoco es inocuo: bajar demasiado el sodio en sangre, algo que se conoce como hiponatremia, puede generar desde náuseas y confusión hasta cuadros graves. El riesgo es bajo en amateurs, pero existe, y conviene tenerlo presente en carreras largas o entrenamientos bajo el sol.
Cierro esta nota como la empecé, en una cocina cualquiera, con la jarra sobre la mesada y el pack de bebida deportiva guardado en un rincón. Lo que aprendí en estas semanas de lectura es que la hidratación no se resuelve con un producto milagro ni con una regla única para todos. Para el día a día, agua, comida variada y prestar atención a la sed suelen ser más que suficiente. Para una diarrea importante, las sales de rehidratación oral son la herramienta correcta, y la consulta médica no se negocia si aparecen señales de gravedad. Para el deporte prolongado, las bebidas con electrolitos tienen un lugar, siempre que el esfuerzo lo justifique. Lo que espero, como lectora y como vecina que conversa con Marta en la vereda, es que la próxima vez que vea una publicidad que promete reponer «todo lo que perdiste», me tome un segundo para pensar si lo que estoy perdiendo es agua, sales por una gastroenteritis o transpiración en una maratón. No es lo mismo, y nuestro cuerpo, que es sabio, lo sabe.
