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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo avisa antes que la tos: las señales silenciosas de una neumonía que puede empezar de otra manera

El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas suelen aparecer antes que los síntomas clásicos. Especialistas pulmonares insisten en que prestar atención a esos indicios puede marcar la diferencia, sobre todo en los mayores de 65 años y en quienes conviven con enfermedades crónicas.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando el cuerpo avisa antes que la tos: las señales silenciosas de una neumonía que puede empezar de otra manera

A la vuelta de la esquina de mi casa, doña Rosa se sentó en el banquito de la vereda y me dijo que estaba cansada, muy cansada, sin razón aparente. Hacía dos días que sentía que le faltaba el aire al subir las escaleras y que el cuerpo le pesaba como si hubiera cargado bolsas toda la tarde, aunque no había movido una sola. No tenía tos, tampoco le había subido la fiebre. recién al tercer día, cuando ya casi no podía levantarse, fue a la guardia y le dijeron lo que ella no esperaba escuchar: una neumonía que llevaba varios días haciéndose la escondida. Le pregunté entonces por qué no había ido antes, y me respondió, con esa sinceridad que tienen las vecinas del barrio, " pensé que era el calor, uno ya a nuestra edad se cansa ".

La historia de doña Rosa es, para nosotros los que acompañamos a nuestros padres y abuelos, un espejo de lo que puede pasarle a cualquiera. Porque la neumonía no siempre arranca con la tos ronca y la fiebre alta que todos tenemos en la cabeza cuando pensamos en una infección pulmonar. A veces se anuncia de otra forma, más silenciosa, y termina confundida con un resfrío común, con un día pesado, con el desgaste de la rutina. Identificar esas señales que aparecen primero es clave para evitar complicaciones, en especial en los adultos mayores, en quienes viven con enfermedades crónicas y en los que tienen las defensas bajas por algún tratamiento.

Qué pasa en los pulmones cuando aparece

Para entender por qué la enfermedad puede engañarnos conviene repasar lo que ocurre adentro del cuerpo. Cuando una infección se instala en los pulmones, los alvéolos, esas bolsitas chiquitas donde la sangre se carga de oxígeno, se inflaman y pueden llenarse de líquido o de pus. A partir de ahí, el paso del oxígeno al organismo se vuelve más difícil y empiezan los primeros avisos, que no siempre son los que uno espera.

Las causas son variadas. La infección puede ser bacteriana, viral o fúngica. Entre los agentes bacterianos más frecuentes aparecen el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae. Algunos virus conocidos, como los responsables de la gripe o del covid-19, también pueden derivar en una neumonía. La evolución depende de quién la cause, de la edad y del estado de salud previo de cada persona, por eso no todas las neumonías se comportan igual ni avanzan al mismo ritmo.

Las señales que suelen pasar inadvertidas

  • Fatiga profunda y un cansancio que no se explica con el esfuerzo físico del día.
  • Respiración acelerada o con sensación de falta de aire al hacer actividades habituales.
  • Latidos del corazón más rápidos de lo normal, sin causa aparente.
  • Náuseas, falta de apetito y un malestar general que se siente como un peso.
  • Fiebre baja o, en los mayores, incluso temperatura corporal por debajo de lo normal, lo que puede confundir el diagnóstico.
“La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos. Si bien la tos es casi universal, algunas personas no tienen mucha fiebre”Gerald Weinhouse, neumonólogo de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham

Cuándo consultar sin demoras

El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, lo dijo con todas las letras: la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos, y aunque la tos es casi universal, hay personas que no tienen mucha fiebre. Esa es justamente la trampa. Como la fiebre suele ser la señal que todos tomamos como referencia, su ausencia lleva a muchos a pensar que no hay nada serio, y ahí se pierden horas valiosas.

Cuando el cuadro avanza pueden sumarse presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental. La confusión repentina, la somnolencia excesiva y la desorientación son motivos de consulta inmediata, sobre todo en mayores de 65 años. En este grupo, y en quienes tienen las defensas comprometidas, el cuerpo puede incluso no levantar la temperatura, y eso no descarta la enfermedad.

Quiénes tienen que prestar más atención

  • Bebés y niños pequeños, por la dificultad para expresar lo que sienten.
  • Adultos mayores, en especial mayores de 65 años.
  • Fumadores o quienes viven con exposición habitual al humo.
  • Personas con enfermedades cardíacas, pulmonares crónicas, diabetes, asma o cáncer.
  • Quienes reciben tratamientos que reducen las defensas, como quimioterapia o corticoides prolongados.

Las complicaciones que se quieren evitar

Entre las complicaciones posibles se cuentan la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, el paso de bacterias al torrente sanguíneo, la formación de abscesos pulmonares y la insuficiencia respiratoria, que puede requerir internación. Son situaciones que, bien miradas, casi siempre se pueden prevenir con una consulta a tiempo.

Por eso, conviene ir al médico sin esperar más si la tos persiste varios días y va empeorando, si aparece dolor en el pecho al respirar, si los síntomas vuelven después de una mejoría inicial o si se sostiene una fiebre de 39 grados o más con el tratamiento. Como me dijo doña Rosa al despedirse desde el banquito, mientras se acomodaba el pañuelo en la cabeza, ahora sabe lo que espera que pase la próxima vez: que su cuerpo le avise y que ella, esta vez, lo escuche a tiempo.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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