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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el cielo se pone gris y la vitamina D queda en pausa: a quién le conviene chequearla y a quién no

Las jornadas sin sol preocupan, pero el cuerpo tiene reservas que amortiguan esos días. Un especialista en medicina interna explica quiénes sí deben controlar sus niveles, qué alimentos suman y por qué tomar suplementos sin indicación puede ser un error con consecuencias serias.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando el cielo se pone gris y la vitamina D queda en pausa: a quién le conviene chequearla y a quién no

El lunes amaneció con ese tono plomizo que se mete por la ventana del living y deja la casa entera en penumbras. En la esquina de siempre, doña Norma regaba las plantas y me dijo, mientras acomodaba el regador: 'Mirá, yo con estos días ya ni pienso en el sol, me duele todo y me levanto cansada'. La escena es más común de lo que parece: cuando el cielo se cubre durante varios días seguidos, muchos empezamos a preguntarnos si esa falta de luz nos está dejando bajos de vitamina D y si convendría salir a comprar un suplemento.

La respuesta, como casi siempre en medicina, no es tan simple como parece. Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, lo explicó en términos directos: la vitamina D se fabrica principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B, y también se puede incorporar a través de algunos alimentos, aunque la síntesis cutánea es la fuente principal para la mayoría de las personas. Eso significa que el sol sigue siendo el gran proveedor, y que las nubes, aunque filtran parte de esa radiación, no la eliminan por completo.

El cuerpo tiene reservas, pero no son infinitas

Para nosotros los santiagueños, y para todos los que vivimos en zonas donde el invierno se siente de verdad, la aclaración sirve como un pequeño alivio: varios días consecutivos de lluvia o de cielo tapado no implican, por sí solos, una caída significativa en los niveles de vitamina D. El organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante esos períodos de menor exposición. La posibilidad de desarrollar una deficiencia depende, sobre todo, de los niveles previos de cada persona, de sus antecedentes médicos y de sus condiciones de salud.

“Los adultos sanos no deberían tomar suplementos sin indicación profesional. No existe una recomendación general de suplementación para adultos sanos sin deficiencia documentada, y el exceso puede ser perjudicial.”Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna (UBA)

Quiénes sí deben prestar atención

  • Adultos mayores.
  • Personas con obesidad.
  • Pacientes con enfermedad celíaca.
  • Quienes atravesaron cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos.
  • Personas con antecedentes de osteoporosis o fracturas.

Heredia identificó con precisión los grupos que sí requieren mayor atención. En esos casos, la decisión de pedir un análisis y de definir un tratamiento depende de la evaluación médica, y no de la voluntad de cada uno. Para el resto, el mensaje fue claro: no hace falta pedir estudios de manera preventiva ni salir a comprar frascos por las dudas.

Y acá viene un punto que muchos pasan por alto: el exceso también puede hacer daño. Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y comprometer la función renal. Es decir, más no es mejor; a veces, más es directamente peligroso.

Para qué sirve la vitamina D y qué alimentos la suman

La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y del fósforo, dos minerales clave para la salud de los huesos. Su deficiencia puede causar osteomalacia en adultos, dejar los huesos más frágiles y aumentar el riesgo de fracturas. En los más chicos, una carencia importante puede derivar en raquitismo. Además, esta vitamina participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, dos áreas que se resienten cuando los valores caen de manera sostenida.

En la mesa también se puede sumar. Los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados aportan vitamina D a través de la alimentación. Ahora bien, cuando ya existe una deficiencia diagnosticada, la dieta sola puede no alcanzar para corregirla y hace falta otra estrategia, siempre con acompañamiento médico.

Doña Norma, mientras sacudía el último macetero, me preguntó qué iba a hacer ella, que ya pasó los setenta y arrastra un dolor de cintura que no la deja dormir. Le dije lo que corresponde: ir al médico, pedir el análisis y, si corresponde, la indicación puntual. Y le recordé algo que a veces olvidamos: que la vitamina D no se resuelve con un suplemento comprado a las apuradas en la farmacia, sino con una decisión tomada después de un control. Ella asintió, miró el cielo gris y me dijo: 'Bueno, algo es algo, me quedo más tranquila'. Eso es, justamente, lo que uno busca cuando termina de leer una nota como esta: no una respuesta definitiva, sino la tranquilidad de saber qué le toca hacer a cada uno y, sobre todo, qué le toca esperar del médico que lo atiende.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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