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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el agua se vuelve aliada del cuerpo: qué hace la hidroterapia y a quiénes ayuda

Una modalidad de rehabilitación que trabaja fuerza, equilibrio y marcha en piletas de poca profundidad, siempre bajo supervisión profesional y como complemento del tratamiento médico.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 2 h
Cuando el agua se vuelve aliada del cuerpo: qué hace la hidroterapia y a quiénes ayuda

Empiezo por una imagen que conozco bien, la de cualquier esquina de barrio donde alguien mayor se agarra la rodilla antes de cruzar la calle. En mi casa pasa algo parecido: mi vecina Gladys, que vive a dos casas de la mía y camina con un bastón desde la última operación de cadera, me dijo la semana pasada que le habían hablado de una rehabilitación en pileta. Nunca había escuchado la palabra exacta, pero la idea le cerró: mover el cuerpo sin que el cuerpo entero parezca una mochila. Eso, en pocas líneas, es lo que persigue la terapia acuática, una forma de rehabilitación que se desarrolla en piletas de poca profundidad bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales, y que no exige saber nadar ni plantea una rutina deportiva convencional.

Por qué el agua cambia la ecuación del movimiento

Lo que vuelve distinta a la hidroterapia no es la pileta en sí, sino las cuatro propiedades físicas del agua que los profesionales aprovechan en cada sesión: la flotabilidad, la resistencia, la presión hidrostática y la temperatura. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones; con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal, y esa condición hace posible ejecutar ejercicios que resultarían dolorosos o directamente imposibles sobre una superficie firme. La resistencia del agua permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas ni máquinas: el medio líquido ofrece hasta setecientas veces más resistencia que el aire, lo que obliga a los músculos a moverse con más esfuerzo en cada gesto. La presión hidrostática, en tanto, puede contribuir a reducir la hinchazón de los tejidos blandos, y el agua tibia favorece la relajación muscular antes de empezar a trabajar.

Cómo es una sesión y qué se trabaja dentro del agua

  • Movilidad articular: movimientos suaves de cuello, hombros, caderas, rodillas y tobillos, pensados para ganar rango de movimiento sin dolor.
  • Fuerza de piernas y brazos: ejercicios contra la resistencia del agua que trabajan la musculatura sin cargar peso sobre las articulaciones.
  • Equilibrio: cambios de apoyo, desplazamientos y ejercicios de estabilidad que en tierra serían inseguros para muchas personas.
  • Práctica de marcha: caminatas dentro de la pileta que ayudan a reentrenar el paso y la coordinación antes de volver a la superficie firme.

La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como una fisioterapia con el aporte de la ingravidez, y sostuvo que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia los ejercicios en tierra. Esa idea de ir y volver del agua a la calle, o del agua a la camilla, es clave: la hidroterapia no reemplaza el tratamiento médico, lo acompaña.

Para qué cuadros de salud se indica

La indicación siempre parte de una evaluación médica individual, pero el material revisado por colegas y especialistas coincide en un listado bastante concreto. En el campo traumatológico y reumatológico se la utiliza para artritis, osteoartritis, fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y para lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, además de los procesos previos y posteriores a cirugías ortopédicas. En el terreno neurológico, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas en casos de esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson y secuelas de accidente cerebrovascular.

Los programas suelen organizarse en ciclos de entre dos y ocho sesiones, con el objetivo de que la persona gane confianza, recupere movilidad y pueda trasladar esos avances a la vida de todos los días. Para nosotros los santiagueños, y para cualquier lector que esté mirando la pileta con cierto recelo, el dato más concreto es este: no hace falta saber nadar, la profundidad se adapta a cada paciente y el profesional marca el ritmo. Lo que Gladys espera, y seguramente esperan muchos como ella, es volver a cruzar la esquina sin pensarlo tanto.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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