Cuando el acoso no se va al tocar el timbre: la advertencia de los pediatras sobre el bullying que se muda al celular
Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría describe cómo las agresiones que nacen en el aula se prolongan en grupos de WhatsApp, redes y videojuegos, y llegan hasta la pieza del chico sin horario de descanso. Familias, escuelas y equipos de salud, en el centro de la alerta.
A mí me toca empezar por una imagen que conozco bien: la cocina de cualquier casa de un barrio santiagueño, con la mesa todavía con las migas del merienda, y un chico que se sienta con el celular en la mano como si la hubiera terminado en la puerta misma de la escuela. Nosotros los santiagueños solemos decir que la casa es el refugio, ese lugar al que uno vuelve para que el mundo se calle un rato. Pero un documento reciente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) viene a sacudir esa idea: para muchos pibes y pibas, la casa dejó de ser ese refugio, porque el acoso se mudó al teléfono y ya no tiene horario de cierre.
La advertencia es categórica y llega en un momento en el que las pantallas ocupan buena parte de la vida cotidiana de los chicos. La SAP, a través de ocho de sus comités y subcomisiones, elaboró un informe que pone el foco en algo que padres y docentes empiezan a notar en silencio: que el bullying clásico y el ciberbullying se volvieron inseparables, como dos caras de una misma moneda que no paran de girar.
Del recreo al grupo de WhatsApp, sin pausa
El cuadro que describen los pediatras es fácil de reconstruir y, por eso mismo, preocupante. Una agresión que arranca en el patio de la escuela puede seguir esa misma tarde en un chat, escalar durante la noche en redes sociales y volver al aula a la mañana siguiente. La diferencia con décadas anteriores es que el regreso a casa ya no garantiza una pausa.
“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
La especialista, pediatra y experta en Desarrollo Infantil, le pone nombre a algo que muchos intuíamos: el acoso ya no necesita esperar al lunes para seguir pegando.
Las formas que toma el acoso digital
- Mensajes de odio y burlas enviadas por chat.
- Acecho y seguimiento a través de redes y videojuegos.
- Votaciones para humillar a un compañero o compañera.
- Perfiles falsos y suplantación de identidad.
- Difusión no consentida de información privada o imágenes.
- Exclusión deliberada de grupos y conversaciones.
- Manipulación de fotos, videos o memes para ridiculizar.
- Uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y viralizar contenidos alterados, que suelen sumar audiencias enormes y son muy difíciles de borrar.
Mirta, una vecina del barrio con la que suelo charlar en la esquina, me decía el otro día que a su nieto se le cambió el humor de un año a esta parte. "Duerme mal, no quiere ir a la escuela, y cuando vuelve se encierra con el celular", me contaba, mientras acomodaba las plantas del frente. Casos como el de su nieto son los que ponen en alerta a los pediatras, porque las consecuencias que describe la SAP no son menores: dolores físicos recurrentes, alteraciones del sueño, ansiedad, depresión y un deterioro general del bienestar que puede instalarse de manera silenciosa.
Qué es bullying y qué no lo es
El documento de la Sociedad Argentina de Pediatría se toma un espacio importante para definir con precisión de qué se habla cuando se habla de bullying, una palabra que suele usarse de manera demasiado amplia en las conversaciones cotidianas. Para los especialistas, el acoso escolar requiere tres condiciones que tienen que darse al mismo tiempo: intención de causar daño, repetición en el tiempo y un desequilibrio de poder que deja a la víctima sin posibilidad real de defenderse o de cortar la situación. Puede ser físico, verbal o relacional, y el ciberbullying es apenas su extensión en el mundo digital, con la particularidad de que una vez que se publica algo, es muy difícil borrarlo.
La SAP también subraya algo clave, y que a mí, como mamá de un chico en edad escolar, me parece de las cosas más importantes que se pueden leer en el documento: el bullying no se resuelve dejando solo al que lo sufre.
“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría (SAP)
El llamado es a actuar en conjunto. Las familias, las escuelas y los equipos de salud tienen que estar atentos a las señales, abrir canales de diálogo y asumir que la prevención y el acompañamiento son responsabilidad compartida. En un escenario en el que la agresión puede llegar al cuarto del chico a cualquier hora del día, esperar a que él mismo lo cuente o a que el problema se solucione solo ya no es una opción.
Me quedo con una imagen que me parece justo cerrar: la de Mirta, en la puerta de su casa, esperando que su nieto pueda volver a mirar el celular sin que cada mensaje sea un sobresalto. Como ella, somos muchos los que esperamos que la escuela vuelva a ser un lugar de aprendizaje y de encuentro, y que el teléfono deje de ser, para tantos pibes, la continuación del patio por un pasillo que nadie eligió transitar. Esa es, en definitiva, la expectativa que la Sociedad Argentina de Pediatría vino a poner sobre la mesa: que entre todos podamos devolverle a la infancia un horario de descanso.
