Central se llevó la Supercopa y Estudiantes se llevó un marrón que todavía arde
El Canalla ganó 3-1 en Santiago del Estero, pero el final fue todo menos fiesta: peleas, un penal revisado por el VAR y la Brujita Verón cruzando a Herrera en la premiación.
Aguantenmé porque lo de anoche en Santiago del Estero fue una de esas finales que termina en el escritorio del Tribunal de Disciplina antes que en las páginas de los libros. Rosario Central le ganó 3-1 a Estudiantes, se subió al podio de la Supercopa Internacional y, de yapa, se mandó un gol de boxeo en el túnel que dejó a más de uno con la ceja levantada.
El penal que encendió todo
Lo que se llevó todas las miradas fue un penal que Darío Herrera dibujó después de mirar la pantalla. El ferroviario cobró foul de González Pirez sobre Enzo Copetti en la entrada del área, el VAR lo respaldó y Ángel Di María, el Fideo de toda la vida, cambió el suspenso por gol. Los de Pincha se comieron el silbatazo con disgusto y no se callaron más en toda la noche.
Por si faltaba poco, Estudiantes llegó a la final con dos espinas clavadas: una infracción de Elías Verón sobre Adolfo Gaich, que pedía segunda amarilla y expulsión, y una mano de Ignacio Ovando adentro del área que el juez dejó pasar. Poco después del planchazo al nueve, Almirón reemplazó al propio Verón, que ya estaba amonestado y se había salvado por los pelos.
La Brujita contra Herrera
La cosa subió de temperatura cuando Claudio Tapia, presidente de la AFA, le entregó las medallas a la terna arbitral. Los jugadores del aurinegro platense se plantaron frente al palco y largaron una salva de aplausos irónicos que se escuchó hasta la popular. Un mensaje claro: no nos gusta lo que cobraste,.linesman.
Pero el que se llevó los flashes fue Juan Sebastián Verón. La Brujita, desde la platea, se comió el penal del VAR con una sonrisa torcida y aplausos para la tribuna, como diciendo tomátelo con soda. Terminó el partido y se fue a buscar a Herrera para cobrarle factura cara a cara. Tuvo que intervenir la seguridad para separarlos. Un papelón, vamos, de los que no se olvidan.
- Penal sancionado tras revisión del VAR por contacto de González Pirez sobre Copetti.
- Reclamo de una segunda amarilla para Elías Verón por una infracción contra Gaich.
- Mano de Ovando dentro del área que el árbitro no cobró.
- Enfrentamientos entre jugadores y miembros de los cuerpos técnicos en el campo y en el túnel.
- Aplausos irónicos del plantel de Estudiantes durante la premiación.
El cierre con violencia
El partido, que pintaba para discusión de café, terminó a las piñas. Primero en la cancha, después en el pasillo camino a los vestuarios. Algunos videos que circularon en redes mostraron empujones, manotazos y algún que otro objeto volando. Las cámaras de televisión esquivaron bastante, pero el resultado fue el mismo: el aurinegro se fue con la copa y el ferroviario se fue con la bronca.
En la premiación, Verón dio la orden de que sus jugadores subieran igual al escenario, a pesar del clima espeso. Un gesto que leyó todo el mundo: nos arreglamos en el escritorio lo que no pudimos arreglar en la cancha. Después, ya con la tormenta más tranquila, la Brujita reconoció la victoria de Central y mandó los cumpridos de rigor.
El antecedente que se comió la pelota
Para cerrar hay que recordar el prólogo de esta novela. En los play-offs del Clausura, cuando la AFA proclamó a Central campeón de la Tabla Anual a fines de noviembre de 2025, los jugadores de Estudiantes les dieron la espalda en el momento de los saludos. Ese fue el insulto original que el propio Ovando había calificado, días antes de la final, como una falta de respeto. Un cruce que viene de lejos y que, anoche, volvió a quedar servido para la próxima fecha.
Yo les dije en la previa que el ferroviario iba a levantar la copa por dos a cero y la rompí como me gusta romperla: con todo. Fue 3-1, con gol de penal del Fideo, con Herrera como villano para uno y héroe para el otro, y con la Brujita Verón haciéndole el aguante al aurinegro desde la platea. La próxima, prometo acertar.
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