Boca se planta en cuatro frentes y se codea con la gloria y el calendario: un mes que puede mudar la historia
Después de bajarle el martillo a Racing, el aurinegro de Arruabarrena mantiene vivas sus chances de meterse en la Libertadores 2027: Copa Argentina, Clausura, Sudamericana y tabla anual. En el horizonte, ocho partidos en treinta días y una decisión que ya empieza a quemar.
Che, se acabó la joda: Boca se metió en el lote de los cuatro mejores de la Copa Argentina y, de yapa, se prendió en cuatro carreras distintas para sacarse el pasaje a la Libertadores 2027. Cuatro caminos, ¿te das cuenta? Parece mucho, pero cada uno tiene su trampa y el reloj no perdona: en los próximos treinta días el ferroviario va a tener que jugar ocho partidos. Uno cada tres días y medio, más o menos. Ni el más optimista del tablón se lo imaginaba así hace dos meses.
Cuatro llaves para abrir la misma puerta
El equipo del Vasco Arruabarrena, que para mí sigue siendo el Vasco aunque el apellido ya se haya gastado de tanto repetirlo, tiene cuatro rutas posibles para llegar al máximo torneo continental del año que viene. Tres dependen de levantar una copa: la Copa Argentina, el Clausura o la Sudamericana. La cuarta no necesita trofeo, sólo puestos: en la tabla anual, que suma lo del Apertura y lo del Clausura, el aurinegro está tercero. Si termina entre los tres primeros de ese ranking combinado, se clasifica aunque no levante nada. Por eso cada punto del campeonato local vale doble: no sólo empuja la ilusión del Clausura, también sostiene ese salvavidas de la anual.
- Copa Argentina: ya está en semifinales, donde lo espera Banfield. Hay fecha tentativa para el martes 6 de octubre en cancha neutral. El campeón entra directo a la fase de grupos de la Libertadores.
- Torneo Clausura: en la Zona A, el objetivo inmediato es meterse entre los ocho. Desde ahí, son cruces de eliminación directa. Si levanta el título, pasaje al bolsillo.
- Copa Sudamericana: en semis aparece Vasco da Gama, con la ida en La Bombonera el 13 de octubre y la vuelta en Brasil el 20. El que pase va a la final contra Atlético Mineiro o Montevideo City Torque. Ganar la final también asegura la Libertadores.
- Tabla anual: tercer puesto al día de hoy. Mantenerse en el podio es la red de seguridad del aurinegro, el camino que no exige levantar copas pero sí sumar fecha a fecha.
Ahora bien, pongámonos serios un segundo porque la agenda no perdona. Ocho partidos en treinta días no es un fixture, es una declaración de guerra al físico. El cuerpo técnico del Vasco tendrá que mover piezas como un malabarista en la vía pública, y a veces me pregunto si habrá algún jugador de Boca que termine pidiendo el cambio antes de que lo saquemos nosotros del equipo imaginario. Pero eso lo manejará él, que para eso le pagan.
Mirando el resto del cuadro de la Copa Argentina, del otro lado del cuadro aparecen Atlético Tucumán, Estudiantes de La Plata y Platense. Si el ferroviario llega a la final, se va a cruzar con uno de esos. Es un cuadro accesible en los papeles, aunque ya sabemos cómo terminan los papeles cuando el aurinegro se arrima a una definición.
La Sudamericana, mientras tanto, viene con condimento internacional y con un rival histórico. Vasco da Gama en La Bombonera es uno de esos partidos que uno quisiera jugar hasta en la playa, con la Bombonera explotada y la Copa en la mira. Después hay que cruzar el charco y aguantar el embrujo de San Januario, que no es moco de pavo.
“Ganar la Copa Argentina, el Clausura o la Sudamericana te lleva directo a la Libertadores 2027. Y si nada de eso sale, quedar entre los tres primeros de la tabla anual también te acomoda. Cuatro chances. No está mal.”Matías Santillán, Deportes
Mi pronóstico, para cerrar como siempre me gusta cerrar: este equipo se va a quedar en la puerta de la Copa Argentina, probablemente cayendo con Banfield en una de esas noches en las que el arquero ajeno se transforma en Muro de Berlín. Después la Sudamericana le va a exigir demasiado y la anual lo va a mantener a tiro hasta la última fecha, donde ahí sí, en un giro dramático que nadie vio venir, va a terminar metiéndose por la tabla. ¿O me equivoco otra vez? Tranquilos, ya estamos acostumbrados a errarle juntos.
