Barrena y una final que se ganó en la cancha y en el corazón: el llanto de Mena, los aplausos y el abrazo que cerró la historia
El ferroviario de Barrena se quedó con el Challenger de Buenos Aires tras un 6-4 y 6-0 sobre un Mena que se quebró en pleno saque y terminó emocionando a todo el Racket Club de Palermo.
Arrancamos por lo que hay que arrancar: esto fue una final con dos pibes argentinos adentro, pero también con dos pibes argentinos que alguna vez se cruzaron en una cancha cuando todavía no soñaban con levantar un trofeo así. El ferroviario Alex Barrena le ganó al aurinegro Facundo Mena por 6-4 y 6-0 en el Racket Club de Palermo y se llevó el Challenger de Buenos Aires, el tercero de su carrera. Punto.
Pero a mí, si me preguntan, lo que me voy a acordar de este domingo no es el resultado. Es lo que pasó en el medio del segundo set, cuando el partido ya estaba prácticamente definido. Mena se paró para sacar y, de repente, se largó a llorar. Intentó ir igual: el primer saque se le fue a la red. Antes del segundo, volvió a quebrarse y se dio vuelta, como buscando aire, como pidiendo un segundo a la vida. Y ahí, en esas tribunas del Racket Club, pasó algo que en este deporte no pasa tan seguido: el público lo aplaudió. De pie, con ganas, sin chicana. Lo dejaron llorar y lo bancaron. Y él, que tiene 34 años y la experiencia suficiente como para saber que un Challenger no se entrega, volvió a la línea, puso la pelota en juego y siguió. Eso, para mí, vale más que cualquier número del ranking.
Un partido, dos argentinos y una historia de la infancia
Porque Barrena y Mena no se conocieron ayer en una final. Se conocen de chicos. Y eso se notó en la ceremonia. El ganador, cuando agarró el micrófono, le soltó una frase que me quedó dando vueltas: "Formaste parte de mi infancia, te lo quiero agradecer". Eso no se dice si no hay uniones de verdad detrás. Los dos empezaron a entrenar juntos cuando tenían ocho años, en una época donde ninguno imaginaba que iba a terminar hablándole a un estadio lleno en Palermo.
El llanto, el recuerdo del padre y el discurso que desarmó a todos
Mena, ya con el premio de subcampeón en la mano, habló desde otro lugar. Recordó a Gabriel, su padre, que había sido tenista y entrenador y que se fue en 2020, en plena pandemia, cuando los duelos se vivían a distancia y sin abrazos. También le habló a su madre, agradeció el acompañamiento de la gente durante toda la semana y arrancó con una frase que me parece que resume todo: "Siempre soñé con hacerlo bien acá en Buenos Aires y delante de todos ustedes". Eso lo dijo un tipo que tenía los ojos húmedos, parado en una cancha donde alguna vez lo soñó de chico.
A mí, si me apuran, me preguntan quién ganó y quién perdió. Y la respuesta rápida es Barrena, sin discusión. Pero si me dejan opinar, que para eso estoy acá, les digo que esta final la ganaron los dos. Uno se llevó el trofeo y el otro se llevó algo que a veces pesa más que cualquier copa: el cariño de una tribuna que lo vio romperse y, en vez de silbar, lo aplaudió. ¿Querés que te diga si Barrena va a seguir subiendo? Te digo lo que pienso: tiene tenis y tiene cabeza. Pero no soy adivino, ya me erré varios pronósticos en esta columna. Me quedo con la imagen del final, con Mena llorando, con el público parado y con dos pibes que empezaron a tirar pelotas juntos a una cuadra de cualquier lado y terminaron regalándole al tenis argentino una jornada de esas que uno no se quiere perder.
