Bajar de peso no es solo cuestión de fuerza de voluntad: por qué el acompañamiento psicológico cambia los resultados
Factores genéticos, emocionales y del entorno condicionan la relación con la comida y la posibilidad de sostener los cambios a largo plazo. Un metaanálisis de 37 estudios encontró resultados consistentes cuando se suma apoyo psicológico al tratamiento.
Empiezo esta nota como tantas veces empiezo una conversación en la esquina de casa, cuando una vecina se apoya en la puerta y me dice que está cansada de empezar dietas el lunes y abandonarlas el miércoles. Esa escena se repite en miles de hogares argentinos y no es un tema de disciplina ni de carácter: es un asunto mucho más complejo, en el que se cruzan el hambre, el sueño, el estrés, la genética y el entorno en el que vivimos. Bajar de peso y, sobre todo, mantener ese descenso en el tiempo, no depende solo de comer menos y moverse más, como nos hicieron creer durante décadas.
Cuando los tratamientos se limitan a entregar una lista de comidas permitidas y prohibidas más una rutina de ejercicios, sin contemplar lo emocional ni lo conductual, lo que suele ocurrir es que los resultados iniciales se diluyan con el paso de las semanas. Volvemos al plato anterior, a la frustración de siempre y a la conclusión equivocada de que el cuerpo no responde. El problema, en la mayoría de los casos, no es el cuerpo: es que el abordaje fue demasiado estrecho para una cuestión que es profundamente ancha.
Lo que dice la evidencia y lo que recomienda la OMS
La Organización Mundial de la Salud entiende a la obesidad como el resultado de la interacción entre una susceptibilidad biológica propia de cada persona y un conjunto de influencias ambientales y psicosociales que nos rodean desde que nacemos. Por eso el organismo recomienda una atención multimodal, es decir, un esquema que combine intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptadas a las necesidades reales de cada paciente y no a un molde único.
En la misma línea, un metaanálisis que reunió 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, halló resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia que mostró evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses fue la de aceptación y compromiso, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews. En criollo: cuando se trabaja la cabeza, el cuerpo tiene más chances de sostener lo que empezó a cambiar.
- La genética influye en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y también en el metabolismo, la forma en que el cuerpo usa y almacena energía.
- El estado emocional y el nivel de cansancio modifican la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación cotidiana.
- El entorno alimentario familiar, laboral y barrial condiciona qué comemos, cuándo y en qué cantidades, muchas veces por encima de nuestra voluntad.
- Una respuesta rígida ante un desvío del plan puede generar la sensación de haber perdido el control por completo y derivar en comer de forma desinhibida.
- Una respuesta flexible, en cambio, permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el abandono total del proceso.
- La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento requiere un abordaje prolongado, personalizado y con apoyo psicológico sostenido.
Acá aparece un dato que a mí, como cronista de la vida cotidiana, me parece clave y que muchas veces pasamos por alto: ciertas variantes genéticas hacen que dos personas que comen prácticamente lo mismo y se mueven de manera similar obtengan resultados muy distintos. No es capricho ni mala suerte. Es biología. Y cuando se suma el estrés acumulado, las horas de descanso mal dormidas y un entorno donde la comida rápida es más accesible que la comida fresca, el escenario se vuelve todavía más exigente para quien intenta cambiar de hábitos.
La Sociedad Europea de Cardiología lo resume con una idea que a nosotros, los santiagueños que vemos estas cosas de cerca, nos suele quedar dando vueltas: el tratamiento de la obesidad no puede ser un trámite corto, con fecha de inicio y de fin, sino un proceso prolongado que combine alimentación, actividad física y trabajo psicológico, con metas realistas y con un equipo que mire a la persona entera y no solo al peso que marca la balanza.
“Cuando los tratamientos se limitan a pautas de alimentación y ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados pueden ser difíciles de sostener.”Análisis publicado en Obesity Reviews
Me despido de esta nota como empecé, con la vecina en la puerta, esa que me mira y me pregunta qué tiene que hacer esta vez para que le funcione. Lo que yo le devolvería, después de leer y revisar este material, es lo que la evidencia viene diciendo hace rato: que no está fallando ella, que a lo mejor lo que le faltó fue alguien del lado de la cabeza que la acompañe mientras el cuerpo aprende otra manera de funcionar. Porque si algo queda claro es que bajar de peso, en muchos casos, es un trabajo de cabeza tanto como de plato. Y eso, lejos de ser una debilidad, es la pista más concreta que tenemos para que los cambios duren.
