Aulas con ruedas: cómo Neuquén lleva oficios a los pueblos donde no llega nada
Siete unidades móviles del Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica recorren la provincia para capacitar en soldadura, tornería, gas y energía solar, entre otros rubros. Ya suman 463 vecinos formados en once localidades desde 2025.
Imaginate una mañana cualquiera en Huinganco, ese pueblito neuquino que aparece de golpe después de varias horas de ripio entre cerros. En la entrada del pueblo, donde antes no se escuchaba más que el viento y algún motor de lancha, ahora está estacionada una estructura metálica grande, con la puerta abierta y olor a hierro recién cortado. Adentro, cuatro muchachos y dos chicas trabajan sobre un motor fuera de borda desarmado, mientras el instructor les marca con tiza sobre una pizarra qué pieza es cada una. En la vereda, doña Carmen, que vende pan casero los sábados, mira la escena apoyada en su palo de escoba y me dice, con esa seguridad que tienen las mujeres de campo: "Mirá, esto antes no pasaba acá. Los pibes se tenían que ir a Neuquén capital o a Cutral Co si querían aprender algo. Ahora vienen ellos hasta nosotros, qué te parece".
Una red que se mueve con la provincia
La escena que cuenta doña Carmen se repite desde 2025 en once localidades de Neuquén, gracias a un programa que combina el esfuerzo del Ministerio de Educación provincial y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica. Son siete aulas montadas sobre estructuras móviles, cada una equipada con herramientas, maquinaria y un espacio acondicionado para dictar cursos específicos. La idea es sencilla y a la vez potente: si la provincia tiene una geografía enorme y muchos parajes quedan lejos de cualquier centro de formación fijo, entonces la formación profesional tiene que ser la que se mueva, no la gente.
La lógica, me parece, es de una austeridad que conviene no romantizar: no se trata de un invento mágico, sino de aceitar lo que ya existía con entre el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano, los municipios y la Dirección de Educación Técnica, con el Centro de Formación Profesional N°43 como articulador de los acuerdos. Lo que se busca, según la información oficial, es adaptar la oferta a las necesidades productivas reales de cada zona, y no mandar cursos enlatados que después no sirvan para nada.
- Huinganco: mecánica de motores fuera de borda y motores nafteros.
- Aluminé: instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos, en sintonía con la apuesta provincial a las energías renovables.
- San Patricio del Chañar: gasista domiciliario y soldadura.
- Plaza Huincul: tornería.
- Mariano Moreno: moldería y patronaje de indumentaria.
- San Martín de los Andes: soldadura combinada con formación orientada a docentes técnicos.
- Además, en distintas localidades se dictan metalmecánica, mecánica automotriz y de motos, trabajo textil e instalación de sistemas de gas.
Donde antes no había nada, ahora se dictan once oficios distintos
La cobertura, hay que decirlo con todas las letras, sigue siendo chica en relación al tamaño del territorio: hasta ahora las aulas llegaron a Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. Son once puntos en un mapa que tiene cientos. Pero el dato que más me interesa, y que los propios funcionarios subrayan, es que 463 personas completaron capacitaciones en lo que va del programa. Cuatrocientas sesenta y tres familias donde alguien aprendió a soldar, a torner, a instalar un termotanque solar o a cortar una prenda con un molde propio.
“Los pibes se tenían que ir a Neuquén capital o a Cutral Co si querían aprender algo. Ahora vienen ellos hasta nosotros, qué te parece.”Carmen, vecina de Huinganco
Nosotros, los que vivimos en pueblos del interior neuquino, sabemos bien que un oficio aprendido a tiempo cambia una biografía entera. No siempre se trata de grandes proyectos productivos ni de estadísticas macroeconómicas: a veces es conseguir un trabajo estable en el taller del pueblo, o poder arreglar uno mismo el sistema de gas de la casa, o armar un emprendimiento textil en el galpón de atrás. Lo que está pasando con estas aulas con ruedas, me arriesgo a decir, es que la formación profesional dejó por fin de ser un privilegio de ciudad y se convirtió en algo que se estaciona en la plaza hasta que termina el curso.
La pregunta que queda flotando, y que cada vecino debería hacerse antes de que el aula se vaya, es la que abre esta nota: ¿sabemos, en cada pueblo, que esta opción está pasando por nuestra puerta? Porque de nada sirve que el Estado mueva siete aulas equipadas por la provincia si la gente del lugar no se entera a tiempo, no se anota o deja pasar la oportunidad pensando que "eso es para otros". Ahora, lo que muchos esperamos que pase es algo bien concreto: que en cada nueva parada, los cursos se llenen, los certificados se traduzcan en trabajo y estas aulas sigan rodando, estación tras estación, hasta que el mapa entero de Neuquén quede cubierto.
