Argentina pisa el acelerador para seducir a los gigantes de los datos: qué tiene y qué le falta
Energía barata, clima templado y distancia de zonas de conflicto son las cartas que el país ofrece a los inversores globales. Pero la estabilidad macroeconómica y un marco regulatorio claro siguen siendo la llave que ningún fondo quiere dejar afuera de la caja fuerte.
Un fondo europeo quiere instalar en Chubut un megacentro de datos dedicado exclusivamente a inteligencia artificial. La idea suena a ciencia ficción, pero ya tiene nombre, empresa y ubicación: Green Capital, una firma polaca, eligió la baja densidad poblacional del sur argentino para tramitar permisos sin pelearse con el patio del vecino. Es el caso testigo de una oportunidad que el país empezó a mirar de cerca.
Argentina quedó durante años en el banco de suplentes del mercado de centros de datos. Ahora, con la inteligencia artificial devorando capacidad de cómputo a nivel global, el país aparece en el radar de inversores que buscan tierras raras: lugares donde construir grandes naves repletas de servidores sin pagar las cifras siderales que se manejan en Estados Unidos o Europa.
Las cuatro cartas que pone la mesa Argentina
- Energía barata: en Vaca Muerta el megavatio ronda los 50 dólares, contra los 100 que se pagan en los principales mercados internacionales. La diferencia puede sumar 500 millones de dólares al año para un centro de datos grande, según cálculos de Dreicon.
- Terreno disponible y clima templado: el sur argentino ofrece grandes extensiones con baja densidad poblacional, lo que facilita los permisos de construcción y reduce el ruido social en el entorno.
- Distancia de conflictos bélicos: un dato geopolítico que pesa cada vez más en los directorios de las empresas tecnológicas, preocupadas por la seguridad física de sus activos.
- Un marco regulatorio en desarrollo: todavía incierto, pero con margen para diseñarse a medida de la industria.
