Saltar al contenido
Viernes, 9 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

A los 85 años, una médica y una fotógrafa texanas se preparan para seguir dándole la vuelta al mundo

Sandra Hazelip y Eleanor Hamby se conocieron en una misión humanitaria en Zambia, enviudaron y transformaron los viajes en un proyecto compartido. Ya recorrieron cerca de 50 países juntas y ahora miran hacia Asia y México con la misma energía con la que alguna vez atravesaron el Transiberiano.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 2 h
A los 85 años, una médica y una fotógrafa texanas se preparan para seguir dándole la vuelta al mundo

En una casa de Texas, no muy lejos de la frontera con Luisiana, Sandra Hazelip prepara la valija como si tuviera otra vez veinte años. Tiene 85, es viuda, madre, abuela y bisabuela, y cada tanto se cruza los 96 kilómetros que la separan de la casa de su amiga Eleanor Hamby para terminar de planear la próxima aventura. Yo las imagino sentadas a la mesa de la cocina, con un mapamundi abierto y un almanaque lleno de anotaciones, discutiendo si conviene empezar por Bután o si es mejor dejar a Filipinas para el final del recorrido, y la verdad es que esa imagen me parece de las más lindas que me tocó contar en mucho tiempo.

Porque la historia de estas dos mujeres es, en el fondo, la historia de una amistad que se animó a crecer cuando la vida ya les había dado varios golpes. Sandra es médica y Eleanor es fotógrafa documental, y se conocieron hace años en una misión humanitaria en Zambia, en el corazón de África. Cuando ambas enviudaron y vieron que sus hijos ya hacían su propia vida, decidieron que no tenía sentido quedarse mirando el techo de la casa. Así fue como, a los 81 años, se largaron a replicar la vuelta al mundo de la novela de Julio Verne, aunque sin apuro y con varias escalas de más.

Una amistad que se volvió proyecto

Antes de esa vuelta al mundo ya habían compartido viajes importantes, entre ellos una travesía por el legendario ferrocarril Transiberiano, ese tendido que cruza Rusia de Moscú a Vladivostok y que ellas recorrieron como si fuera una excursión de pueblo. Con el tiempo, los viajes se transformaron en el eje de su vínculo: Eleanor lleva recorridos unos 130 países a lo largo de su vida y, según cuentan los diarios texanos que se hicieron eco de su historia, en los últimos años las dos llevan visitadas cerca de 50 naciones juntas.

En 2023, por ejemplo, cruzaron hasta la Argentina y se quedaron varios días dando vueltas por nuestro país. Conocieron las Cataratas del Iguazú, se dejaron llevar por el tango, participaron de actividades rurales en las que comparten mates y asados con gente de campo, y se quedaron un buen rato recorriendo el Cementerio de Recoleta, ese lugar donde la historia de Buenos Aires parece hablar desde cada tumba. Cuando les preguntaron qué les había parecido, ellas resaltaron justamente esos contactos, porque para Sandra y Eleanor el verdadero souvenir de un viaje nunca es un imán para la heladera, sino la cara de la gente que las recibe.

  • Las pirámides de Egipto, vistas de cerca y no en una pantalla.
  • Un vuelo sobre el Himalaya que pasa por encima del Everest.
  • La aurora boreal en Finlandia, esa cortina de colores que parece pintada a mano.
  • La Gran Barrera de Coral australiana, con su arrecife todavía vivo.
  • La isla de Pascua, con los moái mirando al Pacífico.
  • El río Amazonas, en una navegación que les dejó el alma llena.
  • Las cataratas Victoria, en la frontera entre Zambia y Zimbabue.
“Quizás avancemos más despacio, pero no queremos que un número decida lo que podemos o no podemos hacer.”Sandra Hazelip y Eleanor Hamby

Esa frase la resumen casi todo. Porque a los 85 años siguen subiendo escaleras sin pedir permiso, se meten en barcos para hacer excursiones, practican snorkel en mares que muchos jóvenes miran con respeto y se bancan caminatas largas sin quejarse. “Nuestras familias nos apoyaron mucho en nuestros viajes”, reconocen, aunque admiten que cada nueva decisión vuelve a generar alguna que otra cara de preocupación entre sus hijos, nietos y bisnietos. Pero el apoyo, dicen, siempre terminó siendo más fuerte que el miedo.

La próxima parada: Asia y México

Mientras yo escribo esta nota, ellas ya están pensando en el próximo paso. En carpeta tienen un recorrido por Asia que incluye destinos poco frecuentes para cualquier viajero, y mucho más para una mujer de 85 años: Bután, ese reino encerrado entre montañas que mide el bienestar con su propia vara; Brunéi, el sultanato pequeño pero opulento del sudeste asiático; Laos, con sus ríos lentos y sus monasterios dorados; Timor Oriental, con sus playas todavía casi vírgenes; y Filipinas, con sus más de siete mil islas. A esa lista se suma Chichén Itzá, en la península de Yucatán, porque a Eleanor todavía le falta ver de cerca esa pirámide que parece un reloj solar gigante.

Me cuesta no emocionarme con esta historia, y lo aclaro: no es porque venga de un país lejano, sino porque toca una fibra muy de nosotros, los que vemos a nuestros viejos a veces quietos en una silla cuando todavía podrían estar subiendo una montaña. Sandra y Eleanor demuestran que la adultez mayor no es una sala de espera, sino una etapa más para empezar proyectos, siempre y cuando haya un amigo con quien compartirlos. Y uno las imagina en la puerta de embarque del próximo aeropuerto, con el bolso lleno de medicamentos y el corazón todavía más lleno de ganas, esperando que la azafata las llame por el altoparlante para subir al avión que las va a llevar a conocer la próxima página del mapamundi.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

Te puede interesar